CRONICA DE UN INMORTAL

En un reino cuyo nombre es impronunciable, existía un soberano que deseaba vivir para siempre.

Convoco a los grandes sabios para encontrar la solución. Ingirió toda clase de pócimas muy extrañas, sin resultado. Parece que la eternidad no es tan fácil de conseguir.

Finalmente un viejo de una aldea muy lejana, se presenta. Harapiento, una gran barba blanca, ojos que parecerían haber visto todo el mal del mundo, se aproxima con un caminar muy lento. El bastón es su apoyo incondicional.

Lo increpa y le dice:

-  ¿Tu quieres la inmortalidad?

El soberano no lo toma muy enserio, pero le responde:  

- Si.

El anciano, casi con alivio, balbucea: 

 – Es vuestra.

Da unos pasos, cae al suelo y muere.

Nada extraordinario pasa. Los días se suceden, el soberano sigue buscando el secreto de la eternidad, sin resultado. Luego los meses se hacen años.   

Su joven y hermosa consorte ya no lo es. Muere de anciana. Sus hijos, antaño pequeños, se convierten en hombres.  

El tiempo continúan su incesante camino. Los hijos también mueren, los nietos ya tienen la cabellera canosa y el rey se conserva igual que ese día en que recibió al anciano.

Los cortesanos, su guardia y todos, piensan que es un impostor, alguien que ha suplantado al rey. No puede vivir tanto. Finalmente, se produce una sublevación y es depuesto.

Seis siglos han pasado, el hombre ya conquisto el espacio y las computadoras son comunes.

Este soberano vive en un mundo muy extraño para él. Sale una mañana a caminar por su ciudad, muy angustiado. La eternidad que tanto buscaba se convirtió en un peso insoportable, ya que ha visto morir no solo a sus enemigos sino también a los que amaba.

De repente lee en el periódico que un poderoso industrial busca la inmortalidad. No lo duda, va a su encuentro y le dice:   

- ¿Tu quieres la eternidad?

El poderoso responde: 

- Por supuesto.

Este hombre,  que había vivido varios siglos, sintió un inmenso alivio por desprenderse de este castigo y con voz muy clara, continua: 

- ¡Es vuestra!

 

Dio unos pasos y murió. 

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