Degeneración

Un día no falto, la presencia en el umbral; quitare su máscara más amada que la vida…”

-          Se les comunica a todos los usuarios que por favor no permanezcan abordo, este metro deja de dar servicio.

Bajamos todos, algunos molestos y otros haciendo bromas al respecto; tendríamos que esperar el siguiente deseando que no estuviera lleno, debido a la hora de aglomeración por la cual estábamos pasando. Saque el reloj y miré la hora: 21:19 hrs.; llegaría tarde, un interrogatorio inevitable me esperaba. Seguía sin aparecer en el horizonte, debería de pensar en irme en micro; no, la verdad no, esperaría eso era todo.

-          Hay que irnos en el camión.

-          Si, vámonos.

La gente se marchaba, no deseaba seguirlos; después de un tiempo de aburrimiento, decidí dar una ojeada a los anuncios que colocan en las pizarras de algunas estaciones. Encontré una hoja que decía:

“Desesperado, asustado, la culpas de tú desgracia, de tú degeneración espontanea…”

-          Disculpa, ¿va a tardar mucho?

-          No creo señorita.

-          Gracias.

Al momento de contestar había perdido la hoja; no sabría qué decir, no sabría que pensar sino la hubiese vuelto a ver en el mismo lugar. En esos andenes silenciosos donde los pocos viajeros se conformaban con sentarse, llegaban las murmuraciones de los ecos de los túneles:

“Nunca tuvo máscara mas para ocultar la pena que lo embriaga…”

¿De qué habla la inexistencia en un viaje de reproducciones mentales, en tanto que esta mente puede ser proyectada como si fuese una película   o fantasía inédita?

“Nunca tuvo máscara más bella y excelsa que la llevada en la espalda…”

Las personas caían y chocaban en el gran accidente; los trenes se precipitaron  al descarrilarse por causas desconocidas. Tantos heridos y fallecidos…

“Nunca tuvo máscara pues la degeneración lo acompañaba…”

Los destellos rojos del concreto y las esculturas retorcidas del surrealismo…

“Nunca tuvo máscara más que al acariciar el rostro ajeno…”

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