El mundo dejó de girar

El mundo dejó de girar nuevamente.
Los relojes dejaron de tictaquear.
Y todo paso a ser lienzo inmóvil de un autor cuyo nombre es igual al tuyo. O muy parecido, no estoy seguro.
Y cuando digo todo paso a ser lienzo, digo casi todo, porque para incomodarme otros simplemente siguen moviéndose ignorando que el aire se hizo plomo y la marea quietud insoportable.
Yo sé que lo hacen solo para molestarme. Porque no deberían poder moverse, porque el mundo dejó de girar. Y todo (salvo por esos imbéciles) se hizo mármol que tu mirada, inmune a tu mirada, esculpe y mira.
Ay, esa mirada…aun me confunde la fuerza que tiene tu ver.
Aun no entiendo como tus ojos hacen para hacer eso que hacen.
Como con solo ver los míos petrifican el universo todo.
No entiendo. Es maravilloso. Maravilloso como el mundo dejó de girar otra vez y todo por tu culpa.

Y sin rencores. No es malo estar así, más que por uno que otro dolor que provoca este aire plomizo, uno termina contracturándose un poco. Fuera de eso, todo está bien. O va a estar bien. Estará bien hasta que sepa que yo no petrifico tu universo y entonces en lugar de plomo el aire se convierta en fuego. Y no podré suplicarte auxilio porque el dolor no me va a dejar hablar por un tiempo…tiempo…el tiempo va a volver a ser, los relojes van a restituir su ritmo lentamente y las estaciones van a volver a correr, y dejará de ser este eterno invierno. Y entonces quizás, cuando la marea vuelva a tener la violencia de otros días, y mi corazón la templanza de otros siglos, quizás entonces sea capaz de mirarte a los ojos, y sin hacerme roca, decir que te perdono. Aunque no fue tu culpa…te perdono.

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