El tiempo en que no te tuve (II)

Podría parecer una fantasía de esas que se tejen en las soledades, es más que eso: es una mariposa volando tan bajo que se toca con su propia sombra. Incluso no pensé que esa actitud avasalladora diera algún resultado hasta que del sueño me despertó el sonido de la contestadora, una noche desesperanzada, indicando un mensaje. Palabras más, palabras menos.

"-Tienes una pésima suerte de no estar. Sin imaginar como estoy.

Lo sabrás cuando vuelvas de... ¿dónde andarás? Importa poco y mucho a la vez, importa desde que te colaste entre la tela de mi ropa interior y la piel.... de ella te hablaré. Tan acostumbrada a los desplantes de... no hay caso de hablar de él; ahora despierta como una doncella que ha dormido por años; lo he notado por las noches sobre todo... las noches después de tu asalto. El olor es lo más notorio. Escudriñando en mi olor después de todo el día de andar de aquí a allá, huelo a selva tropical, a bosque y a sudor, a un sudor natural mío; todo podría quedar ahí, pero no... es como si de pronto hubiera canela en el campo, canela sembrada y después... después he descubierto que mi pasión huele a canela florecida cuando pienso en ti: el voraz. Mi piel es cálida y azarosa. Cálida porque la he tocado varias veces ya desde esa ocasión tuya, me estrecho entre mis brazos y sí: soy cálida, como una piedra de río al sol, así; azarosa porque no sabes dónde te puede llevar, del destino que hay para ti. Adorarás tocarla aún por encima de la tela y encajes.

¿Tú sabes cómo es la soledad acompañada? Yo sí. A veces es tan intensa que tienes que pararte ante el espejo para acompañarte de ti misma por lo menos... pero estos días ha sido diferente. Me miro distinta, como la mujer más bella de la tierra, ese poder me conferiste; y tengo la necesidad de explorar.

Te contaré.

Me desnudo a trazos de pincel, una parte ahí, otra allá y me observo, lo hago a veces con un poco de ciencia mientras pienso en la vitalidad de las caderas para dar a luz y esas cosas; la necesidad de explorar me sobrepasa y el olor a canela asciende como una infusión puesta a fuego lento. El volcán... tú sabes de cual hablo, se...

No esta vez, ahora... no es momento aún de que lo sepas... ni mi teléfono siquiera. Quizá después ¿Habrá una próxima vez?

Existirá porque de momento eres el alimento de mis sueños-"

Tuu... tuu... tuu. Vaya forma de terminar el mensaje. No me equivoqué en el vaticinio, a excepción expresa de pensar que tendría su teléfono pronto. Sabe manejarse en el tablero del deseo, ahora la partida queda de su lado ¿Quién tiene la opción de dos tiros seguidos?, ¿consiguió lo que quería? Estoy en un estado de exaltación y excitación permanente ¡Ah! Instalaré un identificador de números, no vuelvo a estar desprevenido.

Los últimos días han sido fatales, tres para ser exactos, tres días que me han reducido porque estoy en tus manos. Primero pensé que tu llamada había caído de nuevo cuando no estaba, después, en mi mente de enamorado febril (que es lo que soy de ti) forjé los peores dramas en los que debía de rescatarte de un dragón o hasta de un marido, lo cual es infame. Te expondré cómo es esto.

Al recibir tu llamada he pensado que la suerte, hecha madeja, al fin mostraba cual era su principio; era un excelente indicio haberte encontrado en medio de este mundo de locos. Si lo meditas detenidamente era matemática y lógicamente imposible que coincidiéramos en aquél café ¿Acaso pensaste encontrarte con el amor de tu vida esa tarde? Por mi parte debo agradecer a todos mis amores inconclusos, a las dos horas que esperé a la mujer que vendría, al destino que te tenía sentada en compañía de no sé quién ¿Cómo se le llama a eso?

Pero la suerte es bipolar: de cara buena a cara mala en una vuelta de página, heme aquí sufriendo por tu segunda llamada que no llega; es entonces que digo que la suerte es una pantera acorralada.

Despierto y me cuestiono por la vida misma. En días anteriores aún sentí tu olor en mis manos ¿O lo imaginé? Ahora no quedas. No estás y existes mejor que nunca: un dolor instalado; te has vuelto el dolor que no condesciende, el que queda encarnado y a fuerza de profundidad se va entrelazando a los nervios, a cada terminal sensitiva. Intento mezclar la arcilla con el agua, pero los dedos no me obedecen a la par del cerebro, no se logra la consistencia deseada que me ha dado la experiencia; demasiada o poco agua es lo que tengo al final. El barro no es maleable y se resquebraja al momento de hornear. El barro es demasiado suave y se escurre dando lugar a esperpentos que no se mantienen en pie. El barro no tiene firmeza y se desfigura en caprichos visuales que nadie entendería; aunque nada sale bien cuando intento moldear tu cuerpo, pues no pienso en otra cosa, ese barro sin forma definida del que te hablo me permite pensarte de un modo más correcto... o eso creo.

Ni te conozco mujer pero te tuve alguna vez.

En las horas en que el insatisfactorio fantasma de ti se pasea por el estudio susurra algunas cosas a mi espalda, dando por resultado el equívoco hacer de las cosas; es así que pongo erróneos materiales, caen de mis manos recipientes, enredo el cable del motor eléctrico, despedazo algún trasto; triste, trato de restaurar historias sensuales que no tenían salvación. El lodo se escurre por entre los dedos y no responde exacto a mis manos ni a mis deseos, se transmuta de un torso a una visión desastrosa de un cuerpo mutilado, de un rostro a una máscara deforme, de tu sexo a una cicatriz eterna; de ahí el dolor, de ahí el entender. No eres exacto lo que quiero, simplemente eres tú con tus desdobles e intenciones, con tu vida hecha en la locura de estos tiempos; por eso el barro no me obedece: no tengo el control de nada.

El abuso constante de invocarte por las noches me tiene en un sopor de todo el día, en un estado de dormir despierto; es ese sentido de no tener sentido el que no me deja caer completo. Evoco tu belleza, tu piel húmeda y blanca, el olor de barro de tu entrepierna de satín, tus ojos fulgurando en la penumbra de los servicios; y en imaginar se me van las horas vivas.

Si te alcanza este lamento que se han vuelto las semanas que no he sabido de ti; a pesar del identificador de llamadas y de asistir al mismo café, a la misma hora, con mis mismas costumbres; vuelve a llamar o ve a la cita de cada día a media tarde. Recuérdame un poco de ese remoto amor del que te hablo, vuelve a llamar aunque sea para decirme que has sido mi propia imaginación.

El enamorado: ErosWolf

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