El tiempo en que no te tuve (IV)

Hago una pausa en esta historia.

Primero, porque no aguanto la nostalgia de ti. Nosotros no sabíamos que alguna vez nos habríamos de encontrar, de saberlo hubiera preservado mi mente y cuerpo hasta el momento del encuentro. Si hubieras sabido no estarías casada, y tus horizontes se hubieran extendido mucho más allá de tu mundo hecho un departamento. Si hubiéramos sabido...

Adoro con intensidad el hecho de haberte encontrado en este mundo de desastres naturales y humanos, aprecio que los cálculos matemáticos no sean perfectos en cuanto a probabilidades; qué puedo más que decir que te quiero.

Segundo, porque tengo que gritar que te deseo a través de la distancia y el tiempo ¿Qué se hace con eso? Guardarlo en nuestro rincón particular, en el cuarto oscuro donde nos hacemos el amor, ver tus fotos y elaborarte una escultura perfecta poniendo énfasis en las técnicas vudú. Tratar de hacerte sentir el contacto de las manos redondeando tus senos, tu vientre, haciendo tus hendiduras; a veces te deseo también en la pesadumbre de la tarde en tanto estás desenvolviéndote en tu mundo particular, ese que ya tenías cuando me conociste y que sin él tampoco te hubiera encontrado; y sonríes mientras preparas la cena y yo me muero en silencio acariciando tu imagen en mi mente.

Pongo especial cuidado en las palabras que ahora vierto. Lo hago en un espacio público porque podrás encontrarlas sabiendo que eres tú feliz con el anonimato; te gusta así: en la oscuridad, en mi boca para no dejarte escapar de ahí, en el secreto, porque lo más prohibido sólo es mejor en secreto. Pongo especial cuidado porque quiero que cada palabra se deslice por toda tu piel naciendo de tus labios, que te moje el sostén y la blusa, que se meta entre la cintura de tu falda y alcance el triángulo de mi rendición, quiero que se deslice a la entrada de tu sexo y en un movimiento lento...

Ayer estuve leyendo mientras olfateaba tu ropa interior, la que me dejaste, y leyendo y encontrando te dedico este sueño.

Octavo sueño

Soñé que nada importaba sino tenernos. Que no había antes ni después. Todas tus sonrisas de todos los tiempos eran del presente. Estaban presentes en mí mientras arqueabas tu cintura para poseerme como si fueras a cabalgarme. Tu boca hizo de pronto un gesto que reflejaba la fuerza tremenda con la que me apretabas dentro de ti. Me dabas un beso profundo y fuerte con los labios dilatados entre tus piernas. Y era de pronto la sonrisa más profunda de tu vientre la que brotaba por tu boca. Me tenías en ti como se tiene una idea plena, que da gusto y obliga a sonreír. Me tenías como se guarda algo que parece ajustarse perfectamente a tus sueños de ese instante. Y en ese instante sólo importaba tenernos. Era tuyo para siempre, mientras duraran tus dos sonrisas. Tu presencia sonriente me explicaba cómo, en el amor, lo de arriba puede estar abajo, lo de antes puede ser futuro y lo que vendrá historia. Y yo quería morder la comisura de tus labios, la parte más fugaz de tu boca, la que sólo con la punta de la lengua podía saber que tenía sabor a sonrisa plena, doble, obstinada, irrepetible.

Aziz Al Gazali
El sueño de dos sonrisas
Alberto Ruy – En los labios del agua

Perdone el lector por este erotismo inusitado, por el exhibicionismo... sólo es que no podría guardar tanta pasión en el pecho. Si lo grito es para que cruce el océano que nos une y separa. Gracias por la comprensión y las lecturas. Sí, gracias.

ErosWolf, el tuyo.

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