ENSUEÑO PERVERSO

La anciana se acerco, con mucha dificultad, a la ventana. Solía aprovechar los rayos del sol para leer sus novelas románticas predilectas.

- Buen día Señora. Aquí tiene el té – se lo acerco delicadamente la ama de llaves, Clotilde.

- Ya te he dicho que no me llames Señora, mi nombre es Ashlyn.

La mujer no respondió. Ya estaba acostumbraba a la corrección, pero ella jamás podría llamarla así, era su patrona.   

Ashlyn nunca se había casado y no por falta de pretendientes, la vida la había colocado en la prolongada tarea de cuidar a su enferma madre hasta su muerte.    

Su sobrino, Carl, era un hombre muy bromista, casi al extremo de la crueldad.

Pergenio un plan y esa mañana lo había puesto en marcha.

Pago fuertes sumas de dinero a todos los habitantes del pueblo para que ignoraran la apariencia de su tía y la trataran como a una joven de veinte años. Incluso Clotilde estuvo involucrada.  

Como él pertenecía a una familia muy influyente, todos lo aceparon. Después de todo, era una inocente broma.

Aunque eso no fue suficiente. Tenía que crearle un pretendiente a la solterona. Trajo a un apuesto joven para que representase el papel. Se llamaba  William.

El escenario estaba preparado y solo faltaba levantar el telón.

Esa mañana,  Ashlyn hizo lo acostumbrado cuando de improvisto se le acerco el joven a la ventana y le dijo:

-Eres preciosa. Si tu patrona te lo permite, podemos verlo.

Ashlyn se desconcertó. ¿ Como un chico la tuteaba y luego le ofrecía una cita?. Algo andaba mal. Casi rutinariamente, abrió la ventana y le dijo:

-Oiga joven, se confundió de ventana. Por favor, no moleste.

William de inmediato le contesto:

-No. Tú eres la mujer de mis sueños y quiero conocerte. Solo dime cuando tu patrona te lo permita.

Ashlyn comenzó a inquietarse. Llamó de inmediato a Clotilde para que lo sacara de ese lugar. La ama de llaves, le contesto:

-¡Ashlyn! Ve a hacer tus tareas y no molestes más.

No lo podía creer. Insistió y recibió la misma respuesta. Enfurecida se dirigió al Departamento de Policía, pero todos la trataban como a una joven.

¡ Que pasa !, se preguntó. Pensó en algo sobrenatural que estuviera pasando en ese pueblo, pero sus amigas seguían estando iguales de envejecidas que ella.

Tomo coraje y se vió en un espejo, cruelmente le devolvió el mismo ajado rostro.

Se volvió a preguntar ¡ que pasa !, pero como todos en el pueblo la trataban igual, como a una jovencita, poco a poco fue convenciéndose de su nuevo estado. Tanto va el pájaro al cántaro que la piedra termina horadándose. Tal vez, en su interior quería que eso pasara, que algo en su vida retrocediera y poder recuperar el tiempo perdido.   

Se enamoro de William, algo increíble, pero el amor está latente en el ser humano, aunque los años laceren cruelmente su cuerpo.  

Esa noche era muy fría pero ellos estaban cómodos en uno de los salones de la gran casona. William le dijo:

-Por suerte tu patrona nos permitió estar aquí. Debe ser una vieja amargada.

Ashlyn, por un momento, sintió amargamente que hablaba de ella, pero luego, retorno a su feliz realidad. Le replico:

-No creas, es una mujer que sufrió mucho en su vida. Pero no importa, hablemos de nosotros.

Las frases románticas se deslizaron, los suspiros de ella no escatimaron. Era el encuentro de dos amantes, aunque no físicamente. La humillación no había llegado a ese extremo.   

Su sobrino ya no puedo más y como la broma había llegado muy lejos, decidió esa misma noche confesárselo. Ashlyn, con una voz muy frágil, le ordeno que se retirada. A veces, una idealización es más fuerte que la cruda realidad. No creyó o no quiso creer, o tal vez no deseaba volver a su antigua vida de una anciana amargada en un pueblo solitario.   

Carl era un hombre cruel con las bromas, pero no un miserable. Tomo el resto de su fortuna y pago durante muchísimos años para que todos en el pueblo trataran a su tía como una joven mujer, hasta su muerte.

Fue un ensueño perverso, pero a veces ayuda a transitar la inevitable agonía de la vida hasta su triste desenlace.

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