Es mi deseo

(Y las palabras que busco no son las que encuentro, las tomo, las tiro y regreso siempre en una posición distinta)

Hoy serán ocho pesos en boletos del metro si sigo la misma ruta, si la cambio puede ser que sean cuatro más. Pensaba, caminaba cruzando pasillos donde trabajadores de limpieza del STC limpiaban con trapeadores maltrechos y jergas desbaratadas; las luces amarillentas por viejas, ahora eran blancas que tintineaban; carteles de películas próximas a estrenarse remplazaban los lugares de las paredes.

-          Pasa.

-          Yo no.

(Es la tierra de la noche y el día, cada uno tiene su parte, cada uno rige a alguien; tú has nacido en el día, yo he nacido en la noche. Es mi deseo escribirte palabras que no sean sombrías)

-          Ándale, tu si sabes.

-          Me da pánico escénico.

Subía escaleras, miraba relojes. Al llegar al andén detenía mis pasos; había una gotera cerca de los avisos a los usuarios. Llovía afuera…

(Más sin embargo, cada vez que encuentro un brote este se marchita y muere)

Pondría un letrero sin permiso, sin la debida autorización; saque la hoja y pluma; escribí:

“Deseaba tocar su mejilla y susurrarle al oído lo que la boca pronunciaba; nunca pude saber lo que ella quería, tal vez ella sabía lo que yo decía”

-          Pero si resuelves muy bien los problemas.

-          No, me da nervios.

(Entonces recorrí a un método fantasioso e irreal; agarro toscas piedras de basalto y granito que bajo el esfuerzo les doy forma similar a la esmeralda y al zafiro)

Corto cinco pedazos de diurex, lo coloco en la parte central, no muy arriba, no muy abajo. Saco otra hoja y vuelvo a escribir:

“Y no he sabido lo que en verdad ella piensa”

Corto tres pedazos y lo pongo arriba…

(Así puedo ver las letras tan agiles y gráciles que en un solo momento son atrapadas por el papel y la pluma)

-          Ándale, ve.

-          No estoy seguro, pero ya que.

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