Mataron su amor

Arrojo al aire un puñado de palabras

Volaban armoniosas al compás de un bello tango.

Había farolas, un puentesito y un lago.

Acudieron o ya presenciaban el hecho, las rocas de la orilla, la luna brillante, un hombre, una mujer; dos corazónes receptivos del engaño.

Cada palabra convergía prolija en el cielo, invitando.

No había demaciados detalles,

el diálogo escondía más de lo necesariamente deseado, con ese puñado y los puntos suspensivos pudieron saciar lo que el otro andaba creyendo que necesitaba.

Todo cuando habia aflorado olía perfecto. La dulzura y la templanza hablaban de lo idóneo y bien hecho.

Descargaron cada uno, la parte de sus historias que desdichados habían padecido, siempre cargando la culpa al abandonador, ellos abandonados nada habían generado.

Se dieron como afluentes limpidos sin riscos y ese, fue el imprevisto.

Culminado el paseo anduvieron por diversos lados, uno pegado al otro, sin un mísero  espacio; la falta de aire, obligó a las cáscaras, comenzaron a quebrarce.

Quizás solo debieron conocerse y separarse para no matar algo tan bello, tal vez si hubieran derramado más sinceridades en vez de mostrarce perfectos...

El enamoramiento es más frágil de lo que creyeron, ahora deben luchar para sostener un indeterminado sentimiento que crece adustó incrustandose en sus sueños.

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