EL ATURDIMIENTO

EL ATURDIMIENTO.

 

Todo hombre es ebrio por naturaleza, naturaleza de Adán es el aturdimiento, porque los hijos de Adán fueron engendrados según su propia semejanza, y al procrear, Adán se hallaba en aturdimiento, desde entonces todo hombre nace en confusión, al nacer halla un mundo hecho, ya están hechos los formatos de hombres, y naturalmente el hombre se satisface en encajar en uno de los tantos formatos de hombres que hay; Nacemos en un ambiente que nos enamora, nos atrae como imán, como un remolino  absorbe, así nos absorbe el mundo al nacer, y comenzamos a girar en espiral hacia el centro de la perdición, de lo cual si no despertamos iremos directo hacia un lugar del cual no se puede regresar; Así es el hombre, desde su nacimiento vive en un círculo vicioso, nace infectado de un virus, la muerte, la cual va calando con el transcurrir del tiempo,  en un torbellino el hombre está inmerso, y de este torbellino no puede salir por su propia cuenta, es como una inmensa pesadilla de la cual no puedes despertar si no llega otro a hablarte o tocarte para hacerte reaccionar; y no despierta sino hasta que se dé cuenta de ello, pero para ello, le es necesario tomar el vino de la verdad, el cual es Cristo, nacemos ebrios de un vino de aturdimiento que le fue dado al hombre desde su gran pecado, al respecto nos dice el Señor Has hecho ver a tu pueblo cosas duras;
Nos hiciste beber vino de aturdimiento”
El hombre por tanto nace en tinieblas, poco a poco va bebiendo de aquel vino, por eso el hombre no tiene memoria de Dios, porque ¿Qué pasa a los hombres que beben vino? Su memoria se ve inmersa en una laguna y no recuerda nada, de manera que el Señor nos ha mandado un antídoto contra el vino de aturdimiento, nos ha mandado otro vino, este es el vino de la sobriedad, del cual Él nos manda Venid, comed mi pan,  Y bebed del vino que yo he mezclado.  Dejad las simplezas, y vivid, 
Y andad por el camino de la inteligencia”
; Así que, cuando El Mesías nos dice “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (JN 14:6) lo que nos está insinuando es, que todos los hombres se conducen hacia la puerta de la condenación eterna, todos son llevados en el remolino de la vida del mundo, todos inmersos en el desaguadero de la creación,   y que la única opción es tomar el camino que nos conduce a la verdad, y llegado a la verdad, a la vida; Vamos todos cayendo en un abismo, pero hay una cuerda que nos es lanzada desde arriba, de la cual se nos dice que nos aferremos a ella y saldremos airosos en esta batalla; Giramos, pues, en círculo y ciclo, y cada día que pasa el ciclo es más corto, hasta que un día no haya más ciclo que recorrer, y la muerte nos sorprende sin haber logrado encontrar la cuerda aquella que nos fue lanzada.

 

No sé si me comprendes, trato de darte a conocer algo que Dios me lo dio a conocer a mí, trato de explicarte esto con palabras sencillas. En este mundo hay un inmenso agujero en su centro, el cual está absorbiendo toda la materia tenebrosa del universo, y todo hombre nace entre las brumas de esta materia oscura, la misión del hombre es aprovechar sus pocos días para encontrar una única puerta de escape de aquel inminente caos sin retroceso; Esta puerta es la luz, es Jesús de Nazaret, a quien debemos comer para poder discernirnos a nosotros mismos, y lograr escapar de la absorción, para quedarnos en aquello que vendrá luego que todo lo que debe ser absorbido haya sido absorbido, la luz eterna. Esta luz eterna es aquella luz primogénita, la cual brillará y se hará manifiesta en la misma forma en que el alba de la mañana se hace manifiesta a diario, habrá una etapa de transición en el tiempo final, como la transición que hay entre lo oscuro de la noche y lo claro del amanecer cuando la mañana va penetrando a la noche, entonces, lo que nosotros los seres humanos experimentamos es una inmensa noche que tendrá un final, y llegará una eterna mañana.

 

Entre tanto la mañana llega, la noche transcurre, y en la noche nacemos, y en la noche hay confusión y aturdimiento, por eso es necesario buscar la luz, porque con la venida del Maestro, un pequeño rayo de luz penetró en la inmensa oscuridad, y nosotros estamos llamados a tomar de este rayo de luz, y hacer que este rayo vaya engrosando y engrosando, hasta cubrir toda las tinieblas, es entonces este rayo de luz que poco a poco va empujando a todo lo tenebroso en el torbellino del universo.

 

Debemos entonces, tomar del vino de la sobriedad, esto es, saciarnos de verdad, de conocimiento, de inteligencia y de ciencia verdadera, y no podemos mezclar este vino que nada que haya surgido de la materia tenebrosa, por lo tanto, este rayo de luz es la Palabra pura del Señor, la cual no puede ser mezclada con Teología, ni con filosofía, ni con Escatología, ni con psicología, ni con pedagogía, con ninguna ciencia de hombre, porque la ciencia de hombre es parte de la inmensa tenebrosidad que está siendo absorbida poco a poco hasta desaparecer.

 

Estamos entonces en una confusión de rostro, de esto nos habla la palabra del Señor cuando nos dice “Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro, como en el día de hoy lleva todo hombre de Judá, los moradores de Jerusalén, y todo Israel, los de cerca y los de lejos, en todas las tierras adonde los has echado a causa de su rebelión con que se rebelaron contra ti” (Daniel 9:7) Por lo tanto todo hombre camina a tientas, y por eso todo camino de hombre es recto en su propia opinión, porque hay un aturdimiento, una confusión, confusión que nos fue dada por causa de nuestra rebelión, todo hombre lleva confusión, todo morador de la tierra, por eso no es confiable ningún hombre, por eso para que las palabras de un hombre sean confiables debemos compartir el mismo espíritu, entonces no confiamos en el hombre que nos habla sino en el Espíritu que compartimos.

 

Hermano, te estoy hablando de un gran Misterio, no es fácil comprenderlo, por hoy, hasta aquí te dejaré la reflexión, prometo, otro día ampliar este Misterio, porque hablar de este gran misterio, es llenar páginas tras páginas de escritos y revelación. Hasta la próxima.

 

 

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