La primera letra, el primer pétalo, el primer paso

Te descubres como una hoja en blanco, que tiene mil poemas por parir y mil palabras por cargar en el lomo, para luego tacharlas y reescribirlas y tacharlas y reescribirlas. 
Te descubres como el capullo de una flor que tanto podría ser rosa como margarita, y que se mantiene anónima en tanto los pétalos siguen abrazados unos a otros, por miedo, por vergüenza.
Te descubres como el hombre ansioso por partir a Ítaca, ansioso por caminar largos caminos y nadar extensos océanos, pero te detienes en el umbral del portal y esperas. ¿A qué? ¿A quién?...sabes que en el fondo son preguntas sin respuesta, pero igual esperas, porque tras el primer paso no hay vuelta atrás, y eso te aterra.
Pero aunque a la tierra te anclas, deseas con el alma ser una hoja de mil poemas escritos, y ser la margarita o la rosa o la margarita y la rosa más hermosas de todas, y quieres comenzar tu gran odisea de vivir y que Ítaca se convierta en un destino lejano, cada vez más lejano, solo para poder caminar un poco más.
Entonces escribes la primer letra, y abres el primer pétalo, y das el primer paso. Y te das cuenta que tu odisea ha comenzado.

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