LA RATA EN EL DESVAN

Estaba obsesionado por ese a roedor. Le causaba tremendos perjuicios. Además, era repugnante.

Comenzó por obstaculizarla con trampas terribles, aterradoras. Como eso no tuvo resultado, pensó en el veneno, era infalible; lo único que le preocupara era la dosis.

Consiguió la dosis exacta. Esa noche era lúgubre. La luna casi no se asomó,  tal vez por el horrible crimen que se cometería.  

Este hombre solo pensaba en la amenaza que significaba. Pensaba en su familia, en sus hijos, en su esposa. Si estas oscuras criaturas alcanzaba algún ser querido sería terrible, la catástrofe. Si pequeña hija está en la cuña, indefensa. Un padre como no proveer todo lo posible para salvar su vida, tal preciada. Es humano, nadie se lo recriminaría.

Este horrible venero estaba esparcido por todos los rincones del hogar en donde habitaba. Solo espero como un cazador despiadado regocijándose con su presa. Luego pensó que podría fallar, entonces tomo un “caza ratones” con una pinza que se accionaba cuando la rata tomara el alimento y le arrancaba la cabeza. Era infalible. Ya esta, eso debía hacer.

Activa el siniestro artefacto  y solo espero. Su justificación, era su familia, era lo primero. El horrible animal aparece, gris, con sus ojos oscuros y muy escurridizo. El resto de piedad que tenía se le esfumó, ese animal era el enemigo.

La rata, como estaba muy hambrienta y debía alimentar sus crías, se acerco al macabro artefacto humano. Si mirada era de un animal hambriento y los ojos del hombre que lo observaba, de otro animal superior a ella. Camina unos pasos muy pequeños y el hambre era terrible ya que hacía días que no comía. Sus ojos estaban fijos en la comida. El hombre, el ser superior, solo observaba como la rata con su dolor abdominal por el hambre la llevaba a su muerte y con ello a su liberación. Casi está a punto de tomar el alimento cuando el hombre, recapacita, piensa, como humano que es: este ser solo busca lo mismo que yo, existir, alimentar a su familia y encontrar un lugar en este miserable mundo. Esta rata, pensó, era como yo, en ser.

De inmediato impidió el accionar de este terrible artefacto seudo-humano que mata y dejo que la rata se alimentara. Sintió en su profundo interior que ese pequeño animal lucha por lo mismo que él, por sobrevivir, por ser, por que sus hijos por más multitudinarios que sean, son suyos. No sintió ninguna diferencia con esa rata.

 

Ese hombre, en la más oscura de las noches, recupero su humanidad. No pudo matar a otro ser…

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