Los misterios de Mario en el Rosario

Fragmento

MARIO PERDIDO Y HALLADO EN EL TEMPLO

…Por fin está entendiendo algo que siempre ha sabido: “todo aquello que criticamos en el prójimo yace alojado cómodamente en algún rincón de nuestro interior”.

A sus cincuenta y tres años de vida, Mario apenas empieza a comprender algunas de las muchas teorías que ha leído acerca del crecimiento personal; ahora empieza a serle útil y se decide a sacarle todo el provecho posible para hacer realidad el gran sueño de toda su vida: “llegar a desarrollar al Ser Humano que ha reprimido con tantas dudas, temores y complejos, por seguir las normas y reglas de una sociedad hipócrita e ignorante de las leyes de la naturaleza”.

Nadie podría adivinar la paz que pasa por la mente de Mario al final de esta reunión familiar; de tal manera que Mario se despide, tan cortés como siempre lo ha sido, de cada uno de sus parientes allí congregados y con quienes ha compartido un día mágico, preñado de espejos y de sombras, un día copioso de luminosos espejos y oscuras sombras… 

Absolutamente absorto en sus pensamientos, meditando cómo será de aquí en adelante su vida interior, con un paso muy lento pero extraordinariamente seguro de sí.  Mario se dirige a su casa, pletórico de una felicidad que solo puede brindar una gran liberación, pero definitivamente inocente de aquello que lo está esperando a su llegada;  sin sospecharlo por un solo instante, este hombre no tiene la menor malicia de lo que ha sucedido en su casa mientras, él, Mario, disfrutaba la agradable velada con su parentela. 

 

 

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