Mi amor, mi abuela.

El 17 de mayo del 87 con los últimos 15 pasos, dejé sin darme cuenta al tiempo tejer lo que fue cambiando. 

Por si perdia, si debía perder, ayer y siempre sentiría que fui feliz. Viví en medio de todo lo que hice, bajo las inquietudes metafísicas de los intelectuales. Sin pedírselos, sin darme la razón, defendiendo  lo que da igual. Mientras,  en el presente; decido escapar, huir sin dudas. Quizas dejar de exponer lo que no entiendo para desistir ante verdades absolutas. Así, he iniciado a contar de cerca lo que me ha servido para algo. Empezando con las 52 cartas pegadas en mi libreta, 24 viajes pendientes, dos canciones, 5 poemas de Gabriela Mistral, un correo dirigido a Borges, 3  entradas al restaurant de la  calle 13  y 20 libros que recitan como no fallar. Aunque sin ser obstinada he de fallar. Porque de acuerdo a las consecuencias que tendrán mis errores podré responder los problemas concretos. He decidido hablar y soñar siendo consciente que al despertar podré estar cerca de la realidad, que me has mostrado. Mientras entiendo que hay elementos externos interpretando una teoría  escrita por los sentidos. Considero que así mismo ha de interpretarse la vida. Y tendré en cuenta que temo, me iré o tal vez vuelva. No sé. No sé si acelerar o esperar otros 15 pasos. Porque me duele el riesgo que asumo al no saber por qué si te quiero tanto no quiero estar contigo ahí. Por qué si te quiero tanto no encuentro calmar tu dolor, que sea tu sonrisa, ver tus ojos y aprender de los trabalenguas con los que me has enseñado a hablar . No sé si llorar, o esperar a no hacerlo. Mientras veo cómo tus pasos ya no pueden sostenerte. Y fallo al querer ayudar, cuando te miro y me dejo ver débil ante ti. No sé... Son muchas noches abuela, donde no podemos dormir. Y tu risa ya no es risa. Yo impaciente finjo indiferencia, finjo que todo va bien. Te abrazo sin dejar que veas cuánto me duele el alma. Y yo aún siento como tu espíritu busca protegerme. Extraño la mañana del 17 de mayo del 87 cuando con tus 15 pasos has dicho: Te he venido a  ver crecer.

Sin darnos cuenta abuela, dejamos al tiempo tejer y todo ha cambiado.

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