NO SEA QUE EL TIEMPO SE ME ACABE

Entró por la ventana, aquel ser que tiene la vida muy corta. En principio, pienso que no sabía a donde ir, primero pasó por delante de mí, luego se fue a la ventana que estaba cerrada. Sonaba algo distinto, como un pitido melancólico y apagado pero, de repente, aumentaba de intensidad hasta el punto de estar encima. Intenté ponerme en su lugar y vi las cosas ocho veces, desde todos los ángulos. Me vi ridículo a su través, ahí sentado escribiendo a máquina y pensando en qué sitio podía molestar más. Pero un olor, que si no fuera ella me hubiera parecido nauseabundo, me atrajo como si fuera un manjar dispuesto para mi. Jamás había volado, en ese momento era un caza en busca de su objetivo, pasando al ras de los objetos cotidianos de mi casa, que se habían convertido en impresionantes paredes y cordilleras en forma de mesas o sillas. Rodeado de aquellas atalayas sin fin, vi un hueco y seguí el rastro del perfume que me atraía. Bajé vertiginosamente por las escaleras, convertidas en una gigantesca montaña rusa, para que al final girara a mi izquierda haciéndome que la inercia casi me empotrara contra aquel gigantesco muro. Ya no eran tan lisos los muros, podía percibir todas sus imperfecciones como grietas profundas y gigantescas, gotas de pinturas que parecían dunas en el desierto. Pero por fín llegué al origen de alquel atrayente olor, no puedo describirlo, sólo de pensarlo me daban nauseas, pero como estaba en su lugar me seguía atrayendo. Decidí dar marcha atrás, pues yo mismo estaba en el mismo lugar y haciendo lo mismo. Como ese ser en el que me había convertido por unos momentos prefería la sangre de mi vena para alimentarme, no eran más que proteinas y componentes hematopoyéticos. Sólo debía decidir la más superficial, la vena que más me apetecía aparentemente. Fue cuando de repente acabó mi vida y volví a la realidad, un simple manotazo me había aplastado a mi mismo y vi como caía al suelo desde mi yo real. Lo bueno de todo es que  pensé: ¡esta mosca no me molesta más!.

Hice una reflexion y es que la vida es efímera como la de esa mosca que sólo vivió para mi y murió por mi. Pero no por eso soy Dios, sino un eslabón más en la cadena de la vida, al fin y al cabo sólo viven veinticuatro horas. Demasiado deprisa para mi, así que voy a seguir escribiendo no sea que el tiempo se me acabe.

Fdo.: Alfonso j. Paredes.

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