Oración del vendedor de armas

Oh, Guerra. Tú eres mi pasión en estos días. Tú eres mi pan y mi vino. Mi sed es saciada por la sangre que corre gracias a ti. Mi hambre desaparece gracias a la carne despedazada de hombres, niños y mujeres que llueve sobre tanques después de un bombardeo. Guerra, eres la madre de todo mi bienestar… Eres la diosa añorada a la que rezo todos los días y prendo todas las velas del altar… Eres la niña de mis ojos… La pasión embriagadora que ni una amante de carne y hueso me puede proporcionar.

Cuando veo la destrucción que provocas, la felicidad inunda mi alma. Veo que detrás de este desastre hay una nueva cosecha de odios y rencores que me proporcionará una nueva venta de armas. Cuando veo a insurgentes levantarse contra la corrupción que yo mismo fomento, me alegro y organizo fiestas de beneficencia, ya que sé que tendré negocio para largo rato…

Mi conciencia está tranquila. Le vendo a todos los bandos. Ellos son los que se matan, se odian, se detestan. Desde el pedestal en el que me has puesto, oh, Guerra, me río de sus pesares y su estupidez. Me encanta ver cómo los nacionalismos, racismos y odios culturales hacen que la mercancía se venda sin problemas y el dinero fluye a mis arcas que ya están a reventar.

Gracias, Guerra, por todo lo que me has dado. Tú eres mi Dios. Ya que los demás dioses te sirven. Tú eres el poder… el verdadero poder que está detrás de todo gobierno, detrás de todo grupo político, religioso e insurgente de nuestros días.

Me río del pueblo… Me río de la política… Me río de la economía… Me río de la cultura… No son nada comparadas contigo, Guerra. Tú sola los manejas a tu antojo y los destruyes cuando a mí me es conveniente.

Por todo ello, te doy las gracias, Guerra…

Sobre todo, te doy las gracias por los fanáticos religiosos y obtusos; por los políticos corruptos; por los narcotraficantes avariciosos y sin escrúpulos; por los odios raciales y el complejo de inferioridad; ellos son los pilares de mi templo… Ellos son los que te alimentan y te fomentan para mi gusto y placer.

Encendamos, pues, una vela por ellos… Y demos gracias por su existencia…

Sobre todo, Guerra, te agradezco por el miedo que fomentas entre el pueblo, ya que no le permite enfrentar a los pilares de mi templo y abrir los ojos ante la realidad…

Amén.

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