Para un demente siniestro, De una loca de ojos como abismo.

Y si alguien me preguntara, no sé, algún día, diría que…

Era algo súbito para mí el cómo sucedieron los hechos.

Me encontraba en un estado caótico y desconcertante, reprimiendo mis pensamientos, limitando mi imaginación, apretando cada vez más un gigantesco nudo sofocante que se encontraba en mi garganta. Acomodándome en lo cotidiano, olvidando por completo mis aspiraciones… hasta que en un día corriente, común ante los demás, di un paso sin saber hasta dónde podía llegar. ¡VI ALGO! Me quise acercar, pues quería observar más detalladamente,  puesto que, impulsada por la curiosidad, sin pensarlo me arriesgué, repentinamente levante una roca que no esperaba recoger y… ¡AHÍ ESTABA!, ahí estaba él.

Me encontraba ante un inverosímil hallazgo,  mis ojos resaltaban su espectacular luz. ¡Lo encontré! Como un tesoro, estaba ahí, escondido bajo la pesada y fría roca, “ERA UN DIAMANTE EN BRUTO”… era completamente adonis, radiante y misterioso.

Desde ese instante, me sentí liberada, ese gigantesco nudo en mi garganta inesperadamente era minúsculo. Un sentimiento que desconocía casi por completo me perseguía, me hacía sonreír inconsciente y disimuladamente a diario, en mi cabeza rondaban pensamientos graciosamente sonrojantes para mí, pues era COMPLETAMENTE EXTRAÑO, como si aquel descubrimiento me hubiera hechizado o encantado.

 Me hacía sentir bastante exaltada y emocionada, creo que era “felicidad” sentía eso que las personas suelen llamar “mariposas en la pansa” ¡QUE SENSACION TAN EXTRAÑA! Gritaba mi interior, hundida en un extraño capricho emocional, decidí dejarme llevar por la corriente del rio, de lo inesperado, de los riesgos y de lo fascinante que podía ser.

Algo en mi había despertado, quizás fue su inmensa y espectacular luz, pero no lo sabía con exactitud, era tan brillante y reluciente, y a su vez oscuro y siniestro, y eso me encantaba, me hacía querer apreciarlo más, el punto es que no quería soltarlo, no ahora, no hasta conocer todas esas caras siniestras, cristalinas y brillosas y hermosas que esa roca opacaba en aquel precioso tesoro.

-Alisson Denise Reyna H. a W. Benjamin Castillo P.

 

Para un demente siniestro, De una loca de ojos como abismo.

Comentar