Pelota de cuero

¿Qué alegría?, al gordito del barrio le habían comprado una pelota nueva, pero de cuero.- Toda una novedad para nosotros “los chiquilines”, porque hasta ahora eran pelotas de trapo, vejigas de vacas infladas secadas al sol, y cualquier otro elemento que se pudiera patear.-

Situémonos en el año 1955.- Enseguida se juntaron varias barras, que decidieron que en la canchita, como le decíamos, tendríamos partidos todos los días.-

La canchita era un sitio, que nosotros mismos habíamos limpiado, improvisando arcos, y marcando los bordes con una zanja.-

Después de clase se acostumbraba a jugar a la pelota con la participación de todos.-

Cuando otros chicos de los barrios vecinos, se enteran de la existencia de la pelota de cuero, se arrimaron al escenario futbolero, para poder intervenir.-

Pero había un problema. Según los chicos el gordito, no jugaba muy bien a la pelota, pero......era el dueño de la pelota.-

Nos reunimos todos los chicos, y decimos estimularlo, ubicándolo de golero, y de esa forma, intervendría en el juego, y traía su pelota.-

Muy dócil el mismo, acepta gustoso ese puesto, y comienza la nueva etapa de la canchita.- Más jugadores, más público, y muchas veces los padres también se acercaban a observar el juego.-

Había un solo problema, cuando la mamá lo llamaba a tomar la leche, el tomaba su pelota bajo el brazo, se debía detener el juego, y continuaba después de la merienda.

Cada día la canchita iba mejorando. Se armaron los arcos con cañas tacuaras, se fabricaron bancos con troncos obsequiados por un vecino, y hasta se logró que un veterano oficiara de árbitro. Muchas veces luego del juego, se saboreaban unos bizcochos obsequiados por la panadería del barrio.

Sana juventud unida por una pelota de cuero. Riñas del momento, pasajeras discusiones, que terminaban con un abrazo de buenos amigos, que el deporte había cosechado.

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