PENSAMIENTOS

La noche cae sobre la ciudad como un pulpo con sus tentáculos y la oscuridad reina en un mundo de luz. Las almas solitarias, huérfanas de amor, resucitan de sus tétricas tumbas. Solo son cadáveres estigmatizados con un destino maldito. No sentirse querido por nadie es como arder en el fuego sin consumirse. Un simple serillo tiene un objetivo, crear el fuego que destruye o construye, pero un ser que no es amado solo existe en el vacío. El odio impulsa, la venganza también. Da objetivos, torcidos, pero objetivos al fin. Pero la falta de amor, es ausencia, carencia, la negación de lo supremo. No hay nada. Ni siquiera impulsa, solo profundiza el abismo. Una simple caricia sincera se convierte en el “santo grial”. Algo inalcanzable que con el tiempo se convierte es resentimiento. Lo bueno se transforma en malo. Todo es oscuridad, angustia. Solo hay un camino, comprar el amor por dinero. ¿Por qué no?.  El sexo es amor, carnal, pero amor al fin. Un pequeño bálsamo en este océano de soledad. La mentira, el amor fingido, puede ser un consuelo cuando nada se tiene.

Richard se encuentra recostado sobre su sofá, en los suburbios de la ciudad y estos pensamientos asaltan su cabeza. Tenebrosas sombras lo rodean y atrapan,  arrastrándolo hacia la fría selva de cemento, con sus luces y tentaciones. Una chaqueta negra, playera blanca debajo, ropa ajustada, pelo lacio que ondula con la suave brisa de otoño, motocicleta roja Harley-Davidson, es su presentación.  Una cáscara para soportar la enorme soledad. Sentirse distinto es sentirse único. Un tenue consuelo. Cuando no se tiene nada el aparentar tener todo es el objetivo. Aunque es un joven bien parecido, no sabe como relacionarse. Jamás encuentra las palabras adecuadas. Siempre debe luchar con sus inseguridades. Solo el parecer superior lo ayuda, pero al mismo tiempo lo aleja de todos. El antídoto es su veneno.

Las líneas blancas del pavimento desaparecen debajo de las ruedas de su motocicleta. Devoran su destino lentamente. Sabe que el encuentro con ella es solo eso, solo un encuentro. Brisa en una tormenta. Algo que se olvida al instante de ser vivido, totalmente efímero pero para él no. Jugar con el destino tiene sus consecuencias. No hay duda que los seres humanos son hojas arrojadas al viento, nunca se sabe donde caerán, pero de seguro caerán. El lugar es desconocido. Igual sucede con el amor. No es querido, ni conveniente, tampoco responsable, pero aparece como poderosos rayos solares y es incontenible. No se puede apagar ni segar. Cuando se encuentra solo se acepta aunque no sea correspondido. Solo nace. ¿Acaso la vida no es así?.  

Las luces de la carretera son lúgubres. Apenas alumbran el farol de su motocicleta. El aire nocturno golpea su rostro  y le da algo de alivio a su ansiedad.  El encuentro esta próximo. ¡Como desearía oír que lo ama!. Vendería su propia alma solo por ese instante que jamás vivirá. Terrible destino para un condenado a la soledad que busca esperanzas en lo efímero. Luego de ser aprisionada una hoja marchita,  solo se obtiene cenizas. Sabe que lo único válido y real para ella es el dinero. Se recrimina haberse enamorado  pero ya es tarde.  El no le puede ofrecer nada y ella a él tampoco. Son destinos contrariados.

La ciudad está próxima. El caserío que rodea el puente por donde cruza se hunde en la profundidad de la noche. Solo son testigos de su desolación. Manipula con sus manos el acelerador tratando de ganarle al tiempo como si se pudiera ganar un segundo a la eternidad. Las luces de la carretera se desfiguran, solo son líneas que se hunden detrás de sus hombros. Las cilindradas están al máximo.

La cabellera rubia, los ojos celestes que insultan el mar, su figura curvilínea que tantas veces recorrió en detalle, se presentan en su mente. ¿Por qué razón se enamoró?. Una pregunta que lo tortura. Los solitarios no pueden amar. Los hace débiles y dependientes. Esclavos. La prueba está que por un par de dólares cualquiera la tendría. El cielo y el infierno son tan parecidos, solo varía desde el lugar desde donde se ve.

El pequeño caserío desaparece y comienzan a desperezarse los gigantes de concreto que dominan la ciudad. Están perforados por ventanas, algunas iluminadas y otras no. Cada una de ellas con almas que sufren, viven, son felices, odian, disfrutan, en fin, miles de destinos que Richard solo intuye en su motocicleta. No le importa, solo son luces en la oscuridad. La realidad es solo él. Piensa como todos: lo que no se ve no existe.

El corazón de la ciudad se abre ante él. Miles de arterias se diversifican. Luces y figuras humanas se esfuman a su alrededor mientras consume el  pavimento. En una esquina de la avenida principal se materializa Elizabeth. La mujer por la cual su corazón sufre. Le humilla comprar su amor con dinero pero es lo único que ella acepta y es lo único que él puede ofrecer. Se detiene. Apoya su pierna en el pavimento y la observa. Su vestido rojo ajustado y cabellera rubia se deslizan por la calle. Es tan sensual que apabulla a todos. Uno que otro automóvil disminuye la velocidad solo para contemplarla. Richard tiembla. Sus inseguridades lo asaltan nuevamente. Sabe que con el dinero que trae podrá pasar una noche inolvidable pero al mismo tiempo solo será eso. ¿Por qué ella no puede ser distinta y él también?. ¿Qué ociosos demonios se divierten con su sufrimiento?.  Dinero y sexo: ¿Acaso eso sea todo en esta vida?.  

Un automóvil de alta gama se detiene frente a Elizabeth. Ella se le acerca y comienza a parlamentar con alguien en su interior. Richard solo observa la escena. En un inesperado resultado ella entra en el vehículo. Todo ha terminado. Solo el azar fue su ganador. No alguien con más amor sino con más dinero.  

 

Todo comienza de nuevo para Richard: “¿Ella disfrutará con él?. ¿Por qué no tengo el valor de decirle que la amo y que detesto lo que hace?”. El destino está echado y nada puede cambiar, son solon pensamientos en una fría noche de otoño.  

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