¿Quién demonios es Berta?

Deambulaba por las calles de la hermosa ciudad de Santa Marta hace pocos días buscando temas para escribir y no me motivaba nada. Mis pasos me llevaron a un sector en el centro donde se concentra del comercio informal. Allí decidí comprar un teléfono celular usado y, el que compré, tenía una lista de contactos y algunos mensajes.

Una de las cualidades o defectos de los escritores es la curiosidad, de manera que me puse a husmear en la lista de contactos y los eliminé todos; después leí los mensajes y elimine la mayoría, pero me causaron mucha curiosidad los que intercambiaron dos personajes: Berta y Angel (a); la primera se nota claramente que es una mujer; la segunda persona firma sus mensajes unas veces como hombre y otras como mujer, eso fue lo que despertó mi curiosidad.

Llamé a Berta y al otro lado de la línea respondió una voz con acento costeño que, al reconocer mi tono de que cachaco (así le dicen en Colombia los costeños a las personas del interior), mostró su disgusto y colgó, interrumpiendo la comunicación abruptamente, esto aumentó mi curiosidad. Entonces decidí unirme a la cadena de mensajes entre las dos “mujeres” sin pensar que estas acciones me traerían problemas familiares.

Dichos mensajes entre las dos personas de mi historia que están llenas de amor, sugerencias, promesas y erotismo. Me causó curiosidad que en los mensajes hablan de encuentros y situaciones sentimentales y románticas pero nunca nombran lugares o sitios de encuentro. Entonces empecé a escribir mensajes picantes, amorosos y llenos de promesas a Berta; no escogí a la otra persona porque nunca pude definir si era hombre o mujer.

La curiosidad de un miembro de mi familia terminó abruptamente con esta corta novela de amor y misterio en la cual me entrometí y tengo que terminarla de inmediato para evitar problemas y dañar una relación familiar de años. Ahora me quedan dos preguntas, la que encabeza éste monólogo y la otra: ¿quién diablos es ángel o Ángela?

Edgar Tarazona Angel

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