¿Sabemos dar amor?

Nuestro corazón está preparado para dar y recibir amor. ¿Pero realmente nuestra mente acompaña al corazón, o miramos a nuestro prójimo, como un virtual desconocido?

  Como funciona tu corazón, si te encuentras en estas situaciones; Cuando encuentras un anciano.......

Cuando ves un niño descalzo.......

Cuando tienes un amigo enfermo........

Cuando un niño  pide una moneda.......

Cuando vuestro hijo, quiere hablar contigo, y tú no tienes tiempo.....

Cuando discutes sin motivo, con tu pareja......

Cuando puedes dar una mano, y te haces el distraído.......

Cuando no escuchas la palabra de Dios......

Cuando es más importante el que dirán, que tus propios sentimientos....

Cuando envidias lo material, y no te reconoces tus propios  valores...

Cuando no compartes, y no dialogas con un compañero....

   En todas estas situaciones, tú crees que tu corazón responde, con el mismo amor que recibió.-

  Es por eso que debemos analizar cada una de estas situaciones, y ver en realidad si sabemos abrir nuestra mente, si sabemos compartir el presente y respetando el pasado, si realmente sabemos dar amor.

  Cuando encuentras un anciano, realmente piensas que en él está representado vuestro padre, vuestro abuelo, o tú mismo. Hablas con él, le preguntas su nombre, o simplemente lo observas.

  Cuando ves un niño descalzo, te acercas preguntándole que es de su vida, donde vive, que hacen sus padres, porque no usa calzado, o lo miras con un niño más de esta hipócrita sociedad.

  Cuando tienes un amigo enfermo, lo visitas, le ofreces vuestra ayuda, acompañas a su familia para un sincero consuelo, o simplemente una llamada telefónica, para cumplir.

  Cuando un niño te pide una moneda, se la entregas con buenos sentimientos, lo miras indiferente sin preguntar porque lo hace,  le haces ver vuestra preocupación por la situación que está viviendo, o ni siquiera lo miras.

  Cuando vuestro hijo quiere hablar contigo, y tú no tienes tiempo, tratas de buscar el momento para hacerlo, lo acompañas en su actividad deportiva, te acercas para ayudarlo en sus tareas,  o solamente le dedicas un breve tiempo, algún fin de semana.

  Cuando discutes sin motivo con tu pareja, reflexionas y le pides perdón, buscas un diálogo conciliador,  le traes un regalo inesperado, o simplemente golpeas con violencia la puerta y te vas a la calle.

  Cuando puedes dar una mano y te haces el distraído, no sientes remordimiento, no piensas que vuestro prójimo es un hermano,  no tratas de volver a encontrar esa persona para pedirle perdón, o e encierras en vuestro yo, dejando esa cuenta pendiente.

  Cuando no escuchas la palabra de Dios,  vuestra vida esta plena, sos una criatura viviente en armonía, vuestro corazón goza plenamente, o realmente sufres el vacío de ese llamado, deseando llenar vuestro espíritu de la sabiduría divina.

  Cuando es más importante el que dirán que tus propios sentimientos, buscas corregir esa presión exterior, te haces una autoconciencia,  pides ayuda a un profesional, conversas del tema con tus seres queridos, o dejas morir tu personalidad y tu autoestima por la mezquindad de la vida mundana.

   Cuando envidias lo material y no te reconoces tus valores éticos y morales, te encasillas en falsas ilusiones, dejas de lado el amor, te ciegas por conseguir un falso presente,  o sufres por querer cambiar y no lo consigues.

   Cuando no compartes y no dialogas con un compañero o amigo, no te haces el tiempo necesario,  no dejas de lado momentos sin importancia,  no golpeas a su puerta para tener un diálogo ameno, o talvez te aturdes con falsas promesas de aquellos que te dijeron ser amigo,  que en realidad son falsos profetas.

   Que difícil es saber dar amor, sin recibir nada a cambio. No mirar para atrás cuando entregas una limosna, no mirar al costado cuando ayudas a un anciano,  y no sentirte alagado cuando te dan las gracias.

   Piensa que Dios, cuando nos dio su amor, no pidió nada a cambio, solamente que entreguemos a nuestros semejantes el mismo amor, que el nos ofreció.

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