SE ACABARON LOS BOBOS Y LOS LOCOS

Hasta hace unos años en todo pueblo existían dos personajes que no podían faltar: el bobo y el loco; eran parte de la sociedad pueblerina y del folklor, si así se puede llamar. Muchos bobos y locos pasaron a la historia y solo nombraré dos bogotanos que dejaron huella: El bobo del tranvía y la loca Margarita pero, a nivel de provincia cada municipio tiene los propios. En Facatativá son recordados el loco Alvaro, Papujo, Makana, la Charchala y otros más.

Bobo era bobo y loco era loco y punto, sin más adornos. Hoy por cuestiones de humanidad, de caridad o de solidaridad humana se usan eufemismos o el nombre clínico. Se nombran como niños especiales, discapacitados, síndromes de Dawn, esquizofrénicos, paranoicos, depresivos, bipolares, autistas y otros términos que alargarían la lista. Antes se resumía el estado mental disfuncional como perturbación mental y no se le daban más vueltas.

El bobo del pueblo o bobito, con mucho cariño, era encargado de hacer los mandados, llevar mensajes de los novios, acompañar a la mamá y a las personas mayores a los oficios religiosos y ayudar en los oficios caseros. El loco era uno de los juguetes preferidos de los chinos hijuemadres que lo ofendían y el hombre o la mujer con problema de enajenación mental los perseguía a piedra o con un palo mientras acompañaba su furia con todas las palabrotas del idioma español; esto desataba risotadas de los niños, yo fui uno de los que participé del deporte de joder a los dementes.

Ya conté la historia de Secundina, una viejita que al sentirse ofendida se levantaba la falda y gritaba “Mirá tu cara gran Hp”, en medio de las carcajadas de los muchachos porque la anciana nunca llevaba ropa interior. Y Makana, en Facatativá, era un loco que perdió la razón, dicen, porque fue culpable de la muerte de su esposa, eso lo desquició y vivía desnudo. Explico: con las cajas de cartón y costales que encontraba se cubría a medias el negro cuerpo (y no era negro de raza) que mantenía bien oscuro con el hollín de las llantas que quemaba diariamente para darse calor en las noches y teñir su cuerpo escuálido.

Parece que estos personajes se extinguieron para el público porque las familias y otras entidades los cuidan y ya no recorren calles y carreteras como antes. Ahora son remplazados por muchachos llevados por el vicio que caen al fondo de la mendicidad y borrachines crónicos que deambulan por las calles dando espectáculos deplorables. Añoro los bobitos y loquitos de pueblo y, debo advertir, los quiero de corazón ahora y comparto el amor que les dan sus familiares.

 

 

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