Sombra

Mírame…

¿Quién eres?

Tu rostro lo reconozco y tu voz me parece conocida pero dentro de todo aquello que me muestras tú has desaparecido por completo.

No te alejes, no busco ofenderte, solo quiero que sepas que ya no te conozco. No. No me mires así ni endurezcas el rostro de sorpresa ni de enfado, solo es que quiero ser sincero contigo. ¿Podrías quedarte un momento por favor?, ya se que tienes mucho que hacer en la casa, no te preocupes, por cinco minutos no se va a destrozar nada.

Ven.

Siéntate un momento.

No, no he bebido, tampoco me pasa nada, bueno, si, algo me pasa, es que te extraño. No, no es mi trabajo, se que últimamente me quedo mucho allí, pero no es eso, eres tú, eres tú a la que extraño.

¿Recuerdas nuestras primeras citas?, ¿recuerdas las cosas de las que hablábamos cuando comenzamos a conocernos?

¿No?, bien, pues yo si un poco, últimamente mucho, me pasan cosas en el trabajo que me recuerdan a aquellas que te contaba esas veces, ya sabes, el jefe, los compañeros, algunas actitudes…

No, no me refiero a alguien en especial, ni mucho menos a una mujer.

Espera, no te vayas, déjame que termine.

Cuando te conocí, admiraba mucho la facilidad que tenías de ponerme en una encrucijada porque las verdades que yo creía a pie juntillas me las hacías tambalear con aquellos argumentos tuyos tan irrefutables, me hacías pensar que mi experiencia había dejado de lado muchas aristas que obviaba en mi vida cotidiana. Eras capaz de sacarlas de nuevo y meditando en eso solía buscar otra forma de ver las situaciones que te contaba y solía actuar de forma diferente. Poco a poco eso me llevó a mejorar muchas cosas en mi vida. Me hiciste dar cuenta que yo no era el dueño de ninguna verdad absoluta.

Charlar contigo era una aventura diferente que me llevó a quererte y a amarte por todo lo que llevabas dentro tuyo y e hacías conocer.

¿Qué si ahora es diferente?, si, me parece que si, ya no…

Por favor no me interrumpas, no, no he dejado de quererte, solo te digo que te extraño, que extraño de ti todo aquello.

¿Porque dices eso?, yo valoro lo que haces en casa y el esfuerzo de llevar adelante la familia. Si, se que te esfuerzas en que todo esté a mi gusto, tampoco estoy hablando de eso. No, tampoco me falta nada.

Es difícil, lo sé, trabajar  y cumplir aquí, sé que no he colaborado mucho últimamente, pero tampoco te hablo de todo eso.

Solo digo que me gustaría que conversáramos un poco más.

Está bien, se que tienes mucho que hacer.

Ve, yo arreglo aquí para que por lo menos no te preocupes de esto. Llámame cuando la cena esté lista. No te preocupes, yo alisto a los niños.

(Y se fue no mas, no pude decirle que aquello que extraño es su visión de la vida, aquella que complementaba la mía; que extraño su manera particular de ser, su forma de vivir que alimentaba a la mía, que extraño a la mujer con la que me casé. Hace mucho que a todo lo que le digo solo responde “si”, que todo lo que hago no parece merecer más que solo el comentario de “está bien”, que a pesar de verla molesta por algún error mío no escucho aquello que debería ser reprochado.

Debería estar feliz, mi mujer parece que solo hace lo que le digo y nunca me contradice en nada, pero… lo que yo me pregunto es ¿Cuándo permití que ella se volviera solo mi sombra?)

FIN

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