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Oh no, corrí tan rápido como pude, mi conciencia venía tan rápida y furiosamente a apuñalarme para que me intentara dar cuenta que de nuevo estaba mal. No fue aquel mensaje mal escrito que te mandé en la noche antes de dormir, o el tocar el timbre de tu casa y correr dejando mi corazón en tu puerta.

Vi el perturbante escote de la muerte y me recordó tus ojos tristes y llenos de lágrimas por saber que ninguno de los dos no estaría ahí.

Me sentía consolado por la dulce mano del consuelo, ante la mirada tonita de mi cobardía que no salía de mi puerta. Me esperaba triste y pacientemente para darme otra bofetada.

Te quiero decir que ya todas las estrellas murieron antes de tu llegaras, solo quería que te dieras cuenta que no será lo mismo, por que aun guardas tan celosamente ese sentimiento de miedo hacia quien ya te apuñalo una y otra vez.

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