UNA FLOR EN EL OCASO

De solo pensar la fortuna en francos que me costó este vestido me hacen temblar. Pero vale la pena. “El rojo purpura contrasta excelentemente con su pelo rubio. Además, su silueta es esbelta y resaltas su feminidad” me dijo esta mañana la vendedora;  ¿Cómo si yo pudiera creerle a ellas? ¡Farsantes, hipócritas! Aunque en esta ocasión, creo que tienen razón o por lo menos, quiero creer eso.

El restaurant es muy elegante. Observo a mí alrededor y solo veo glamur. ¿Se deben estar preguntando que hace una joven mujer, con un fulgurante vestido ceñido hasta más no poder en ese lugar y sola?. ¡Momias insulsas!. Tendrán dinero pero no tienen juventud como yo. No me importa. Mi futuro está por cambiar. Lo sé. Bueno, espero eso. 

De pronto se me acerca el mesero:

― ¿Retiro la copa madeimoselle?

Solo ordené vino chateau vieux hace una hora y la botella solo está a un cuarto. ¡Qué insolencia! ¿Acaso debe pensar que estoy ebria? No le voy a dar el gusto.

― No. Espero a alguien. Retírese  ― Le dije con voz serena aunque algo aletargada.

Me veo ridícula… ¡oh Dios! No, no. Debo serenarme. Pierre llegará en cualquier momento y todo se arreglará. ¡Como tarda!

Mi reloj parece estar pintado, sus agujas se han petrificado en la eternidad. Enciendo un cigarrillo y eso me apacigua. El humo rodea mi rostro y cubre la humillación. ¿Cómo será él?. Solo me dijo que es de mi edad, veinticinco años. Estará vestido con una chaqueta parda y tendrá en sus manos un libro. ¿Cuantos hombres pueden entrar en este lugar con esas características?. Solo uno. Lo reconoceré al instante. El servicio de citas no me defraudará. Fui una estúpida al contratarlos pero que puedo hacer. Solo mi madre dice que soy bonita. A veces, creo que me miente por piedad. ¿Que pasa conmigo?. Quiero amar y ser amada y nadie se vislumbra en mi camino. Solo esto. Una cita arreglada con la agencia matrimonial y una fortuna gastada en este vestido que impide respirar, es toda mi oportunidad: ¡Que patética!. El no quiso enviarme su fotografía pero yo en un audaz atrevimiento, se la envié. ¿Se habrá desilusionado?. Estos pensamientos me torturan. ¿Por qué soy así?. 

El mesero pasa a mi lado y no se atreve a hablarme. Sé que Pierre vendrá. Toda mi vida he esperado que algo pase, que algo sea distinto al día anterior. El gris puede definir mi vida: es gris. No es blanca ni negra, solo está en el medio de los colores. ¡Quiero vivir un gran amor!. ¿Por qué se me es negado?.

No quiero hacer más el ridículo, debo retirarme de este lugar. Pierre no vendrá. ¡Qué ilusa!. ¿Por qué le envié mi fotografía?. Mis cartas no fueron nada. Toda mi alma se la reflejé en esas líneas: ¿acaso no sirvieron de nada?. Solo fueron una brisa en el viento, algo que nace y muere al instante. Sus cartas eran apasionadas pero tal vez fueron solo un desahogo, algo efímero. Nada pasará en mi vida. El gris debe ser el color más apropiado de mi vestido y no el purpura.

No vendrá. Es un hecho. Ese mesero debe estar regocijándose en su interior por mi desgracia. Se me acerca con aires de soberbia, pero no le voy a dar el gusto:

― La cuenta por favor ― le digo con presteza.

― Si madeimoselle― se inclina con reverencia sarcástica.

Las calles de París me resultan tan lúgubres en esta noche de desolación. Mi apartamento está a poca distancia sobre la Avenue Montaigne y prefiero caminar. Desahogar mi frustración. Una pertinaz llovizna se extiende como gangrena sobre la ciudad luz y mi alma sufre. Sus cartas eran tan apasionadas y sinceras: ¡cómo pude equivocarme!. ¿ Que crédulas somos las mujeres ?. Siempre vemos el lado bueno de los hombres y siempre nos vamos de bruces.  

La llovizna se transforma en aguacero pero no me importa, eso hace furtiva mis lágrimas. Llorar en la lluvia me une con el firmamento. Llego por fin al umbral del edificio de mi apartamiento. El agua que corre por mis ojos no me deja ver con claridad pero vislumbro una figura. ¡Tal vez es Pierre que por alguna razón descabellada no pudo concurrir al restaurant y viene a disculparse!. Mi corazón late con fuerza. La esperanza me atrapa. Todo se revitaliza. Me repudio a mi misma por pensar mal de él pero como todo, la realidad se impone: es solo el conserje del lugar. Hombre esbelto pero anciano, no es Pierre.

― ¿Está bien madeimoselle? ― me dice.

― Si ― le contesto con un hilo de voz.

― Quiero decirle que hay un joven desde hace dos horas esperándola en las escaleras. Dice que se llama Pierre  y que tenía una cita con Usted pero que por razones que le explicará, no pudo concurrir.

Todas las estrellas del firmamento caen sobre mí y me hieren con fuerza. Me siento como una flor en el ocaso que ha renacido en la más espléndida primavera de la vida. El amor se me ha presentado. No sé como me irá con Pierre pero algo ha cambiado: he dejado de ser gris. ¿Cómo será él?. ¿ Por qué no concurrió al restaurant?. ¿ Me veo bien con mi vestido empapado?. ¿Acaso esas cosas importan?. Hoy es un día distinto y tengo un futuro por descubrir. Soy inmensamente feliz.

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