Y por eso me enamoro

      Nadie lo entiende y sin embargo es tan sencillo. Bueno, de hecho yo tampoco lo entendía, pero ahora me resulta tan claro. Supongo he de agradecer a Morfeo, que con sus dulces canciones de cuna aclara tanto la mente cuando las garras del sueño comienzan a hacernos sus prisioneros. Y así fue que, con la cabeza en la almohada, el cuerpo en la cama, y el alma entre la realidad y el sueño, caí en la cuenta de por qué me enamoro tan fácilmente, por qué entrego mi corazón, a veces tan ciegamente, y de una manera tan fugaz. 
     Sueño con el amor. Sueño con momentos de ternura. Sueño con vivir en carne propia esas cursilerías de las que tanto se quejan algunos. Sueño con ese primer beso, con el primer “te amo”, sueño con las caricias, sueño con abrazos, sueño con lagrimas y risas compartidas. Sueño con todo ello y sueño con mucho más. Y veo en cada persona una fuente de amor en potencia. No me enamoro de una mirada ni de una sonrisa, no me enamoro de un rostro bonito ni de un cuerpo esculpido, no me enamoro de una excelsa inteligencia ni de una bondad pura. Todo ello puede atraer, no lo niego, pero nada de ello enamora. Sería ciego si así pensara. Lo que en verdad me enamora son las ilusiones que por mi mente pasan de tu y yo amándonos, me enamoro de esos sueños que surgen en mis pensamientos con el simple intercambio de una mirada. Me enamoro de aquella vez en que fuéramos a decirnos un sincero "te amo", me enamoro de ese primer beso que fuéramos a darnos. Me enamoro de todo ese cariño que podemos compartir tierna, incansable y pasionalmente. Y veo que todos, tan desbordantes de amor, llevan grabado en la piel esas ilusiones que tanto me gusta soñar. Me enamoro tan fácilmente, porque tan fácil me resulta ver el amor en la otra persona. Y duele, y lastima, y hiere, porque las ilusiones se quedan muchas veces en eso…en ilusiones. Pero sin embargo, llegará el día en que me enamore del amor que puedas darme… y tú quieras dármelo.

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