Besos bajo la lluvia (capitulo 1)

Capítulo 1

 

El Reencuentro

 

Ya después del sol con fervor en la mañana, después de contemplar aquel rocío hermoso que se alzaba frente a su ventana, y de beber el célebre Café, se disponía a vestir con un atuendo especial, pues no era para más, se presentaría ante una mujer que solo en fotos recuerda aquellos momentos que aunque cortos le llenaban de un gran regocijo el corazón, y de una aflicción que solo él y ella podían entender.

Se acercaba el medio día, la espera se hacía cada vez más impaciente, las vistas hacia el reloj que sonaba tan fuerte e imponente como nunca antes lo había hecho, el tiempo transcurría tan lento que hasta le dio tiempo de pensar "Entonces Hoy La Volveré a Ver"
En medio de ello, un repentino ruido intervino en los pensamientos del Joven que no vaciló en atender, pues nada más, ni nada menos, era la persona por quien tanto había esperado, los latidos de su corazón se aceleraron sin ímpetu y su en su garganta un nudo de emociones le envolvían, pero rápidamente se dio cuenta de todos estos cambios que le sucedían y sin pensarlo dos veces arremetió hacia su cachete, solo 3 cachetadas bastaron para hacerle reaccionar, tomo la perilla de su puerta dio medio giro, abrió la puerta con afán y un único sonido se escuchó en los siguientes sucesos.

Le entró un tremendo escalofrío que le recorrió por todo su cuerpo, y aunque no era el único porque noto brevemente que su visita reaccionó de la misma forma, Un rostro de sorpresa, llanto y alegría que le traían momentos del pasado.

Pero algo andaba mal, no se le oía decir una palabra, era terrorífica esa sensación de silencio, ese momento incomodo e inoportuno, pero había algo más, era como si hablaran con solo haberse visto, aún más hasta se reflejaban emociones con el pasar de los segundos, y un color rojizo en el rostro de cada uno hizo revelar los que las lenguas no pudieron, "Una Emoción Mas Allá De Un Simple Reencuentro" pues se trataba de su ex-novia, de ello paso a una sonrisa picarona y un "hola" rebozo aquel silencio que le oprimía e incomodaba, fue la muerte del silencio.

Un suspiro sin igual lleno el vacío de la incesante espera, ya por fin, después de “Romper el Hielo” con aquel “Hola”, lo consiguiente fue una mirada expresiva que tan solo algunos hombres podrán ver a lo largo de su vida, la respuesta fue un saludo tan decente que se ciento por breves momentos un ambiente romántico que aunque corto, contribuyó a la sonrisa de su invitada especial, fue como una pequeña victoria dando pie a una conversación más cómoda para ambos.

La Invito a seguir a su morada para así no hacerle esperar, habían planeado ir a caminar a un parque cercano, donde había un café de excelente sabor y un aroma sin igual digno para amantes de este arte culinario, algo que compartían mutuamente.

Sucedió lo que era de esperarse, Ana le trataba como un amigo más, o peor aún, era casi como si no lo conociese, era el olor a orgullo el que llenaba la mente de Milo, entristecido por estos acontecimientos, decide tratarle del mismo modo, aunque no sea la mejor idea, pues Ana le seguiría hablando de esta manera sin cese, era como "Una Guerra" que cualquiera podía ganar, Milo se percató de esto y decidió comportarse de manera adorable aunque esto significaba una pérdida significativa de orgullo, era un riesgo que tenía que tomar pues no estaba seguro si Ana también haría lo mismo con él.

Tomaron cada uno sus chamarras se dirigieron a la puerta sin decir al menos una palabra, se observaron a ojos sombríos y cerraron la puerta, ya se dirigían hacia su destino (el Parque). Cada paso que daban, les acercaba al parque, pero sin darse cuenta, un silenció aborrece los pensamientos de juntos, no se escuchaba una palabra, aunque con la mirada se observaba el mundo de expresiones que ocultaban, un nudo les abstenía la voz, era incomodo no decirse una palabra aunque quisieran decir todo lo que tenían dentro, pero, llego el momento en que ella pregunto;
-¿Cómo has estado?
El sin basilar respondió rápidamente lo siguiente;
-Bien, ¿y tú?
Mientras la miraba con reseñó.
Ella le observo con una mirada fija, como si alrededor de ellos no hubiera nada, casi como si estuvieran en un lugar sin nadie y sin nada, no le prestaban atención al exterior, pero estos momentos bellos fueron rápidamente interrumpidos por un insaciable clima, Hacía tanto calor que un helado duraba poco menos de unos minutos, este clima Milo lo aborrecía al igual que Ana, "Era una de las cosas que tenían en común".

Finalmente llegaron al parque, que lucía como los recuerdos celebres de un anciano, Pintado en las mentes como un paisaje colorido, donde se apreciaban los detalles más simples; como los niños con sus cometas, los jóvenes paseando sus mascotas y los enamorados junto a la heladería, todo estaba tal cual como en sus recuerdos.

Milo, le comentó a Ana lo popular que era la heladería de aquel parque, ella le pregunto;
-¿Cómo sabes eso?
Él le respondió con una sonrisa pícara.
-Porque llevo planeando esto desde hace tiempo.
Ella lanzo una mirada hacia la heladería y dijo en voz baja:
-Ya veo, en ese caso espero que me sorprendas.
Él se sintió con más confianza, pues aunque hacía calor, el rojo de sus cachetes era provocado por la presencia de Ana.

Milo le ofreció a Ana un helado especial, ella modestamente lo acepto sin recelo, tomaron asiento cerca de un árbol  que les ofrecía sombra, se sentaron, hablaron de todas las cosas que habían hecho en el tiempo que no se vieron, Era tan conmovedor que las personas que pasaban cerca de allí se les quedaban viéndole, pues no era para más, parecían tan cercanos como si aún siguieran siendo "Pareja".

Poco a poco fueron adentrándose en sus sentimientos conforme la conversación avanzaba, hasta que llegó el momento en el que se exigieron respuestas el uno al otro, hasta el punto de verse malhumorados, ya era tarde, y los helados se habían desvanecido como las esperanzas de reconciliación que tenía Milo.

Al parecer, era pronto para una conversación tan exhaustiva como esa*.

Ana se levantó presurosamente y se dispuso a despedirse de Milo, aunque sentía que faltaba algo, un algo que le estaba interrumpiendo la despedida, en ello Milo aprovecho la situación para decirle;
-¿Puedo acompañarte a tu hogar?, ya es tarde es un tanto peligroso.

Ella hizo un gesto de intriga y le dijo:

-Si eso es lo que quieres, estoy de acuerdo.

Milo suspiro y como un niño que le acaban de dar su paleta sonrió, salieron del parque, Milo no sabía el camino de la casa de Ana, así que ella le guiaba pero Milo sin darse cuenta que ella había optado por tomar el camino más largo, fuera cualquiera la causa, fue la mejor decisión.

En el camino a casa de ella Milo se atrevió a pedirle cortésmente su bolso, (para llevarlo) de ese modo ella sonrió y le dijo;

-Que Caballero, Gracias.

En la tomo y siguieron hablando,
Ella le comentó por qué después de tanto tiempo no se recibieron con un abrazo, a lo que refuto diciéndole - ¿"Me das un abrazo”? 
Milo se sorprendió como si hubiese visto un fantasma y presuroso contestó con pena;

-eeh... estoy sosteniendo tu maleta y pues...

Ella le observó con algo de enojo, le arrebato la maleta y la lazo al piso, y le dijo;

-Listo, ¿ahora tienes alguna otra excusa?

El anonadado por lo ocurrido, sin decir alguna palabra, se acercó a ella y la tomo, la abrazo como un niño a una madre, como si nunca la quisiese soltar, un mundo de pensamientos y suspiros transcurrían en el transcurso de aquel abrazo, en el tiempo que paso, lo más bello era ver la fuerza con la que Ana abrazaba, parecía que tampoco le quería soltar, pero lastimosamente esos minutos quedaron atrás y como un hijo se tiene que ir algún día de la casa, así se separaron las pieles de ellos.

Siguieron caminando con el rostro sonrojado hasta llegar a una esquina que quedara siempre en los recuerdos de ellos por la razón más noble que pueda existir porque ocurrió algo que no se esperaba Milo.

Ana le preguntó de una forma retadora;

-¿Eres capaz de darme un beso?

Él se sorprendió por lo que dijo, se quedó en silencio mientras pensaba, ¿Cuál era la razón para que me diera un abrazo, o ahora un beso? ¿Sera que ella está sintiendo lo mismo que yo? Un indiscutible guiño tras la respuesta;

-¿Por qué no?

A lo que ella se detuvo en el andén, Milo se quedó en la parte de abajo quedando Ana a casi la misma altura de Milo, ella le tomo de los hombros y el de la cintura, y como si no existiera nadie alrededor, sostuvieron la mirada, fija uno al otro, como si estuvieran viendo más allá de sus ojos, sin basilar se acercaron lentamente, y sus labios chocaron como dos planetas causaron un estallido, se sintieron tan estremecidos que el aquel beso duro tanto, que posiblemente los pensamientos nobles que tenían fueron expresados con el acto puro de los Dioses.

Retiraron sus labios como si se estuvieran separando millares de aves de su destino.

Pero gracias a este acontecimiento inesperado los recuerdos que tenía Milo salieron tan fluidos que fue como si hubiese sido ayer'.

 

 

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