El rey dentro de mí

El Rey Dentro de Mi es una intensa novela para adolescentes que relata la historia de Barán, un joven de veinte años que descubre pertenecer a una poderosa raza de psíquicos y que el pequeño pueblo donde vive, Aldenberg, del cual nunca nadie sale fue creado exclusivamente para criarlo a él.

Mientras descubre todo esto, debe confiar en quienes aparecen a su lado, personas que conoce de toda la vida que por primera vez demuestran ser psíquicos también y dicen estar ahí para salvar su vida. Pronto descubre que en el mundo de los psíquicos es difícil guardar secretos y quienes dicen querer ayudarlo lo están llevando directo a su prematura muerte. Debe aprender a usar su mente para entender en quien confiar y salvar su vida de quienes lo persiguen, incluyéndose él mismo.

1. Muerte y Nacimiento

Última semana del mes de julio, veinte años atrás.

El Rey Thomas corría angustiado por los oscuros pasillos de su inmenso castillo cuando las largas paredes de piedra le ofrecieron una decisión. Podía tomar una izquierda hacia unas amplias escaleras de caracol o una derecha a un oscuro y angosto pasillo. Tomó las escaleras. Bajaba a prisa cuando se pisó la túnica y sin darse cuenta tropezó. Llegó al siguiente piso rebotando y dando vueltas, golpeando  su cara con el  último pilar del pasamano sin poder cubrirse y cayendo de espaldas en el pasillo.

Se había abierto la frente con el mármol y se sacudía de dolor. Se colocó la mano derecha sobre la cara y cerró los ojos.  Un hilo de luz azul se disparaba de la palma de su mano, deteniendo la sangre que salía de la herida. Nuevamente se puso de pie y siguió corriendo, seguía sangrando y la herida se veía peor. Atravesaba un largo jardín que llevaba a un portón abierto. Al salir del castillo se detuvo impactado.

La vista de la colina daba hacia la ciudad en total caos, largas masas de humo negro ondeaban los cielos con un chillido poderoso y relámpagos de fuego dentro. Sin previo aviso se abismaban sobre diferentes casas, arrastrando y destruyendo todo a su paso. Las personas eran disparadas en todas direcciones gritando en agonía.

Uno que otro hombre se detenía y elevaba una pequeña bola de metal frente a su cara. De ahí salían relámpagos azules que desaparecían en el humo. Las luces azules tenían ningún o muy poco efecto sobre las masas de humo que  sacudían y consumían a cualquiera que se atreviera a combatirlas. Todavía quedaban personas que corrían colina abajo, pero la mayoría yacía esparcida por el suelo o entre los escombros de casas y pequeños edificios quemados. Thomas se quitó la corona y la observó por un instante, ya no tenía importancia. La tiró al suelo y se soltó el largo pelo gris, alborotándoselo para tapar la herida en su frente. Sacó una bola plateada de su bolsillo y la lanzó al aire esperando que esta flotara pero el pequeño artefacto cayó al piso y rodó fuera de su vista.

Se quitó el largo abrigo y corrió colina abajo, mezclándose entre la comunidad de psíquicos que huía de la rebelión que los atacaba, humillado e indefenso como cualquier pueblerino.

Corría detrás de una señora cuando una carroza de madera, con partes metálicas cuyo motor chillaba como una tetera, se detuvo frente a ellos violentamente atropellando a la señora y lanzándola unos metros más adelante en la carretera.

_¡Hay puesto para uno!_ gritó el conductor. Thomas volteó a ver donde había caído la mujer, ella se ponía de pie adolorida e intentaba acercarse para montarse en la carroza.

_Listo, vamos_ dijo ignorando a la mujer y tomando el puesto él mismo. Arrancaron a toda velocidad, pudo ver como las cenizas tomaron a la mujer, desapareciéndola en el acto junto con la entrada del castillo. Por un momento se sintió culpable, pero enseguida dirigió la mirada a la imponente construcción que se alejaba, viendo como poco a poco sus torres caían a pedazos mientras las cenizas buscaban por él, sin saber que se escapaba.

_Abandonado y todo, me escapé_ se dijo a sí mismo para intentar calmarse.

_Está muy lejos de haberse escapado, Su Majestad_ dijo un hombre alto que estaba sentado en la cabina justo frente a él. Thomas se sorprendió un poco pero se alivió en seguida al ver la golpeada cara del hombre que le hablaba.

_¡Alos!_ le dijo_ Alos, me han abandonado. Perdí mi catalizador, tengo que esconderme.

_¿Dónde está su escuadrón?

_Los mandé a otra dimensión a buscar un sitio para refugiarme, pero se han perdido en el camino.

_No diga eso, ¿cómo puede saberlo?

_Perdí mis poderes, Alos. El Rey de los Psíquicos no tiene poderes.

_Cruzar dimensiones es absurdo, ¿por qué los mandaría a hacer eso?

_No tenía otra opción, Alos. Temía que acabaríamos con todas las razas si nos hubiésemos quedado a pelear. Si me escondo se calmaran las aguas y volveré más adelante.

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