Fe, corazón y alegría (11)

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El Acuerdo

Alma estaba en casa guardando la ropa de su padre para llevarla a un asilo. Miraba con tristeza la habitación, sabía que era tiempo de enfrentarse al mundo sin él, Bruno, recostado ahora a su lado encima del tapete, lo había comprendido,  ella lo tenía que entender así también. Miguel entró en la habitación y con las manos en los bolsillos, se detuvo frente a ella, en su rostro se notaba un cambio. Alma se estremeció...

- Salgamos esta noche. Presentan una buena película en el cine. Después te invito a cenar –Dijo de pronto.

Alma, acostumbrada a la indiferencia de su marido, le pareció no escuchar bien, lo miró incrédula primero y alarmada después al advertir que tenía enrojecidos los ojos, a punto de estallar en llanto.

- Por favor Alma - pidió - Te necesito más que nunca.

-¿A qué hora debo estar lista?

- ¿Te parece a las 6? - Y dándole un beso en los labios salió sin decir nada más.

La película fue divertida, se dirigieron al restaurante donde la cena transcurrió en silencio. Mientras degustaban el café, escucharon al hombre del piano interpretar “Motivos”. Miguel fue quien habló primero:

-Se que no he sido un gran apoyo para ustedes en estos momentos tan difíciles - Tomando entre sus manos la de Alma, suplicó con humildad- Perdóname, he comprendido que no he sido un buen marido ni un buen padre.

-¿Y que te hizo reflexionar así? - Preguntó mirándolo con ternura.

-Hoy me sucedió algo muy extraño- Confesó- Me desperté aún disgustado por lo que pasó anoche, pero primero Bruno con su repentina alegría, y luego Carlitos, me hicieron reflexionar, cuando salí a pasear con nuestro hijo, sentí deseos de pintar,  mientras él acondicionaba la cabaña y le quitaba el polvo, me atreví a dibujar ... -La miró fijamente- algo sucedió: Al principio, no sabía qué trazar, después, fue como si mi mano se moviera arrastrada por ese pincel, en mi mente comenzaron a aparecer escenas de mi infancia, nunca te lo había dicho, pero no fui muy feliz cuando era niño ... mi padre nos abandonó y mi madre, enferma como estaba, no podía hacer gran cosa por nosotros, éramos muy pobres, no tuve juguetes, los carritos con los que jugaba eran mis propios zapatos; me los quitaba y los empujaba por el suelo como si tuvieran ruedas... Sin embargo -bajó la mirada- pudo siempre más la miseria y el dolor. Dejé de jugar, me dediqué a estudiar, a trabajar en lo que podía pensando solamente en salir adelante.

-Eso es muy loable- Afirmó Alma -Nunca me habías contado tu historia completa.

- Sí - confirmó él- pero no es loable perder el camino en el intento. Me obsesioné demasiado en hacer dinero, en conservar mi empleo y escalar una buena posición, tanto, que olvidé lo esencial.

- ¿Y qué es lo esencial? - cuestionó ella

-Mira - aclaró Miguel- mientras pintaba, una voz interna me invitaba a pensar en lo más hermoso que he tenido en mi vida,  a recordar mis sueños, mis ilusiones, mi infancia. Quise plasmarlo con toda el alma - sacó de su bolsillo una hoja de papel doblada -Este es el resultado.

Puso en la mesa frente a su esposa una hoja que desdobló con sumo cuidado ante la mirada curiosa de Alma.

- ¡Pero si somos Carlitos y yo! - Exclamó

- ¿Ves lo que te digo? - Corroboró Miguel- Me he dado cuenta de que la vida me pagó con ustedes lo que me arrebató en mi infancia, yo no he sabido apreciar eso, he sido un egoísta y  trabajar sin descanso se convirtió en una prioridad, creí que así debía ser... Cuando vivíamos aquí, ustedes eran felices porque tenían a los abuelos y a Micaela siempre al pendiente de sus necesidades. Jamás se sintieron solos. Por eso odian vivir en España, porque ahí los tuve alejados de mí...

-Eso es cierto- declaró la mujer- y nos lastimó a todos.

-Al principio- le confesó Miguel- estaba celoso de tu padre porque Carlitos  lo adoraba, me dolía, pero en el fondo sé que él fue el único padre que Carlitos tuvo.

-¿Y entonces?- quiso saber ella- ¿Qué va a pasar?, ¿qué propones?...lo que decidas deberá ser algo que nos haga felices a los tres...

-Quiero cambiar, reponerles el tiempo perdido, haremos un trato justo para todos -Alma se acomodó en la silla para escucharlo mejor- Tengo dos meses de vacaciones y nuestro hijo, prácticamente también. En este tiempo buscaremos opciones, haremos lo posible por rescatar la hacienda... Pero, si pasado un tiempo no se avanza...tendrán ustedes que comprender que no podemos vivir aferrados a un sueño. Si fracasamos vendemos todo y volvemos a España. En caso contrario, regreso yo solo, renuncio a mi trabajo, vendo nuestro piso y tú arreglas todo para que Carlitos entre al Colegio aquí en el pueblo ¿Qué opinas?

-Bueno -titubeó Alma- dos meses es poco tiempo... -guardó silencio meditando- pero lo voy a lograr ¡ya verás!...porque te amo, por nuestro hijo...vale la pena el intento...

Miguel le sonrió a su esposa, en silencio agradeció al cielo por tenerla a su lado, él sabía que las cosas marcharían mejor, porque su entusiasmo era real, extrañamente, nunca se había sentido tan seguro.

 

Elena Ortiz Muñiz

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