Fe, corazón y alegría (14)

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Nunca dejes de soñar

El estudio de Carlitos fue trasladado al segundo piso de la cabaña. Las obras enmarcadas del abuelo decoraban las paredes. En el librero, los textos de aventuras se asomaban llenos de historias fantásticas.

El primer piso de la casita se transformó en galería, casi siempre tenía las paredes vacías. Los cuadros se vendían tan pronto eran terminados. De todas partes llegaban a buscar las creaciones del niño, y de paso compraban las delicias que se hacían en la hacienda, que contaba con un amplio y surtido expendio a la entrada de la propiedad.

Las mujeres, con entusiasmo, lograron edificar toda una industria, con éxito. Las cinco vacas eran ya trescientas y las gallinas sumaban mil doscientas. Ahora estaban en proceso de adquirir ganado caprino, para comercializar productos de leche de cabra, y aprendieron a hacer crema, cajeta y dulces de leche.

Nunca, ni en tiempos de los abuelos, la hacienda fue tan próspera y feliz. Bruno era el fiel acompañante de Carlitos en todo momento y lugar. Nunca  faltaban las flores frescas en los jarrones, ni en las tumbas de los abuelos, ni en el estudio de Carlitos.

Ese día, las puertas de la hacienda  cerraron al público, la galería no abriría,  ni habría producción. Era un día especial para todos. Miguel regresaba de España después de venderlo todo y de renunciar a su empleo de tantos años. Estaba por llegar a la hacienda a cumplir su palabra. A quedarse con ellos,  a vivir por siempre como una familia unida y feliz.

Mientras esperaba la llegada de su padre, Carlitos vivía otra gran aventura como el pajarillo volador en que se había transformado.

Volaba encima de las montañas, de los valles y de los lagos mientras en su cabeza el sonido de las arpas, violines, piano y flautín le ofrecían una sinfonía:

“Pajarillo volandero, vuela alto amigo mío
Pajarito volandero, tú eres el viento, yo soy el río”

Estaba pleno y feliz. Con sus alas extendidas surcando el espacio ¡Se sentía el rey de los aires!

“Pajarillo volandero que surcas triunfante  el firmamento
yo soy esa veleta que gira y gira sin estar quieta”

Daba piruetas, conquistaba el cielo, dominaba el viento. Con los ojos cerrados volaba contento.

“Pajarito volandero. Vuela alto pajarillo.
Conserva en ti la pureza de todo chiquillo
y vive feliz, pajarillo aventurero.
Nunca olvides crecer siendo sincero”.

Elena Ortiz Muñiz

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