Fe, corazón y alegría (6)

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La decisión de Papá

Finalmente, después de tantas conferencias telefónicas en las que discutían el asunto una y otra vez, Miguel pidió vacaciones, decidido a reunirse con su familia para solucionar de tajo el problema.

Para él, ellos eran importantes, pero igual era vital tener un buen empleo. Estudió la mitad de su vida con el sueño de pertenecer a una gran empresa, cosa que finalmente había logrado. No quería dejar su trabajo, pero tampoco deseaba perder a su familia.

Reconocía que hasta el momento no había sido el mejor esposo ni un padre ejemplar. De hecho, a veces pasaban varios días antes de que advirtiera que no había jugado con su hijo. Alma era la que se ocupaba de todo lo relacionado con él, incluyendo diversiones, alimentación, conversaciones y el acompañarlo a rezar durante las noches antes de dormir.

Se lamentaba por esto, deseaba que las cosas fueran diferentes, él era el de la responsabilidad de darles todo lo necesario para vivir. Sin embargo, sentía que los estaba perdiendo. Que estaban cada vez más alejados física y emocionalmente.

Cuando hablaba por teléfono con su hijo, éste le contestaba con monosílabos, ausente, con el reproche en la voz. Y eso le disgustaba. Por ello, decidió viajar. Tenía que convencerlos de que, volver a España era la mejor solución.

Por primera vez en años, Miguel pidió todos los días de vacaciones a los que tenía derecho, juntos. La situación era urgente y lo ameritaba.

Decidió, que su llegada sería una sorpresa, compró su pasaje de avión solo de ida pues tenía la esperanza de que el regreso lo realizaría acompañado.  Nada podía salir mal. De este viaje dependía el futuro de él y de su familia.

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