La dicha de evocar ("Seguiré viviendo" entrega 81)

Ir a: Entre el funeral y las cenizas ("Seguiré viviendo" Entrega 80) La fuerza de José mermó al extremo de ser incapaz de sostener su cuerpo. Cuando lo acompañó la fortaleza odió la idea de ser prisionero de un camastro, ahora amaba la cama de hospital que tenía compasión con su fatiga. Con sólo incorporarse el desfallecimiento aparecía, pero la molestia culminaba en goce cuando por necesidad se desplomaba en la mullida colchoneta. Hundido entre las sábanas buscaba algo amable que hiciera menos exasperante el paso de las horas. Porque ya hasta leer lo fatigaba, y escribir le exigía grandes esfuerzos. Sin embargo se daba trazas para hacerlo...

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Fe, corazón y alegría (10)

Ir a: Fe, corazón y alegría (9) Encuentro con lo vivido Los habitantes de la casa se despertaron muy temprano gracias a los enérgicos ladridos de Bruno, Carlitos corrió asomándose a la ventana para verlo corriendo y ladrando en círculos como un loco. - No fue un sueño - Pensó - El abuelo realmente estuvo aquí. Se vistió tan rápido como pudo para correr a su encuentro. En el pasillo se encontró...

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Entre el funeral y las cenizas ("Seguiré viviendo" Entrega 80)

Ir a: Con la enfermedad la crítica se volvió indulgente ("Seguiré viviendo" Entrega 79) La escena era surrealista. El auditorio estaba colmado; los asistentes de impecable traje negro, circunspectos y en silencio, parecían esperar que la gala comenzara. Busqué con la mirada el foso tratando de encontrar la orquesta. No existía; en su lugar se distinguía una cripta. Delante reconocí un atril, y en el atril un extraño...

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Fe, corazón y alegría (9)

Ir a: Fe, corazón y alegría (8) Una visita inesperada En cuanto Micaela salió del cuarto un destello de luz dorada iluminó la habitación. Carlitos despertó sin comprender qué sucedía. La intensidad del resplandor lo cegaba. Se incorporó en la cama, se restregó los ojos para ver mejor. La luminosidad disminuyó hasta rodear la silueta sentada frente a la mesa en que Carlitos pintaba sus aventuras. La imagen se...

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Yo profesor me confieso (5)

Ir a: Yo profesor me confieso (4) Tercera Estación (José María Córdoba) En 1970 me trasladaron a otra escuela, a Oliva la nombraron directora y como yo era como un hijo para ella, según pregonaba al que estuviera escuchándola, me fui detrás, así no me sintiera su hijo, y fui testigo de una cantidad de atropellos, por no llamarlos delitos, que se cometieron contra los niños y los padres de familia, principalmente; esta etapa...

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Cartas a una amante (16)

Ir a: Cartas a una amante (15) Confío en ti: No imagino daño que de ti provenga Me bastó verte para intuir tu esencia noble. Tus suaves ademanes con otra naturaleza no armonizan.  Algo hay en la voz y en el semblante de todo ser humano que delata el verdadero ser y las reales intenciones. He visto, por ejemplo, en ocasiones, la belleza plasmada en los trazos perfectos de rostros femeninos, que sin embargo no encubren con su fascinación su ánimo...

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Los hinchas del santo padre (6)

Ir a: Los hinchas del santo padre (5) Capítulo seis “Después de transcurridos dos años en paz,los partidos políticos se alborotan de nuevoy don Fructuoso marcha con sus llaneros a la guerra más larga en la que participaría en toda su vida” Don Fructuoso descansó con sus siete llaneros durante quince días y se le escurrieron algunas lágrimas por sus hijos fallecidos o malogrados; madreo en silencio al cura...

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Fe, corazón y alegría (8)

Ir a: Fe, corazón y alegría (7) Problemas sin solución La alegría inicial por la llegada de Miguel pronto se tornó en tristeza. El hombre, desde el principio mostró claras intenciones de llevárselos a España, a pesar de la oposición de Carlitos y Alma, quienes deseaban a toda costa permanecer ahí, las cosas empeoraron en cuanto se enteró de la mala situación financiera de la hacienda. - Comprendan -...

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Con la enfermedad la crítica se volvió indulgente ("Seguiré viviendo" Entrega 79)

Ir a: El Más Allá ("Seguiré viviendo" 78a. entrega) Mientras que los cambios físicos de José eran casi impalpables para Alicia que visitaba a José constantemente, para Piedad que con menos frecuencia lo veía, eran conmovedores. De cualquier manera para ambas la pérdida del aliento de su amigo era ostensible, y se reflejaba en su voz tenue y sus jadeos, y en los silencios que distanciaban sus palabras, que finalmente se...

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