Cartas a una amante (13)

Ir a: Cartas a una amante (12) Me haces soñar despierto. Es hora de que sepas que te amo He ahuyentado esta noche de mi mente todo pensamiento. No ansío razones, tan sólo el placer que tu ser me proporcione. Tal vez no conozco de ti lo suficiente, pero ya por ti mi corazón palpita. Eres un descubrimiento tan reciente, pero en mi vida tienes más raíces que lo añejo. Me he perdido en tu rostro angelical porque refleja la ternura con que sueño... Entre versos pareces concebida. No quiero hoy ruido ni luz que me distraiga, sólo silencio... un espacio y un tiempo infinitos para que tú lo llenes. Quiero soñar contigo, quiero extasiarme con cada palmo de...

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Fe, corazón y alegría (3)

Ir a: Fe, corazón y alegría (2) Capítulo III: Todo cobra vida Esa noche, contrario a las anteriores desde que el abuelo murió, Carlitos pudo dormir a pierna suelta, tan pronto su cabeza tocó la almohada, se quedó profundamente dormido, e inmediatamente comenzó a soñar: Soñó que los dibujos del abuelo se levantaban y comenzaban a volar por todo el cuarto como si los moviera el viento. Pasaban bailando a su alrededor...

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Cartas a una amante (12)

Ir a: Cartas a una amante (11) Las promesas de amor.  Una pizca de razón antes de volvernos insensatos Provengo de una relación que me atormenta, tengo una ilusión personificada en tu existencia, no soy novato en el amor y tengo un sentido demasiado crítico. No quiero engañarme ni engañarte, sé que el amor no dura eternamente, mas quiero que se vuelva duradero. No quiero llenarte de promesas, pero tampoco quiero negarte mis buenas...

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Sin felicidad la inmortalidad carece de sentido ("Seguiré viviendo" 75a. entrega)

Ir a: ¿Albedrío o determinismo? ("Seguiré viviendo" 74a. entrega)Después de un receso de varias semanas Aminta volvió a estar al cuidado de José. Lo encontró caquéctico, completamente descarnado, forrado por una piel consumida, que llamaba la atención por su color amarillento, producto de una ictericia que era más evidente en sus escleras. En su mirada refundida en el fondo de sus órbitas, a donde habían ido a parar sus ojos, Aminta adivino el presagio inconfundible de la muerte. José...

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Cartas a una amante (11)

Ir a: Cartas a una amante (10) ¿Encarnas acaso mi utopía? Siempre en la mujer imaginé la sublimación de los más delicados sentimientos. ¡Qué pocas veces he confirmado que puede ser realidad esa utopía! Confiado en la imagen maternal de la mujer, que sólo despide amor en su regazo, concebí la ternura como el don característico de la feminidad, pero ahora sé que esa virtud escasamente al hijo pertenece....

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Cartas a una amante (10)

Ir a: Cartas a una amante (9) Antes de ser derrotado por Cupido Mi razón está naufragando por tu causa en las ilusorias aguas del afecto. ¿Por qué no compartir contigo las atrevidas reflexiones del último acto cuerdo antes de que el arquero del amor me hiera irremediablemente? Tal vez porque conozco el éxtasis del amor desmedido, como la gélida indiferencia en que termina, he hecho presa de mis pensamientos los  acontecimientos...

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Fe, corazón y alegría

Dedico con todo cariño esta obra a mi hijo porque en tiempos difíciles me enseñó con su ejemplo que los problemas se encaran con coraje y valentía, y que me inspiró a escribir esta historia cuando a su corta edad me aconsejó con la sabiduría de la inocencia: "Nunca pierdas la fe"... El abuelo Llegaron hacia el medio día. El calor era agobiante. Carlitos sentía el sudor resbalándole por la nuca...

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¿Albedrío o determinismo? ("Seguiré viviendo" 74a. entrega)

Ir a: La absurda prepotencia del adulto frente al joven ("Seguiré viviendo" 73a. entrega) El dolor me despertó temprano. La enfermera vencida por el tedio se había dormido en el sillón. En el piso estaban sus zapatos blancos; sobre el asiento sus piernas recogidas; sus brazos pegados al pecho, atrapando calor en la mañana gélida; y su cabeza flexionada, aproximando el mentón contra sus manos. Una frazada calurosa, pero mal...

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Yo profesor me confieso (4)

Ir a: Yo profesor me confieso (3) Capitulo cuatro Segunda Estación Escuela Bolívar Nueva Durante el periodo de vacaciones finales y unos meses más, a velocidades alarmantes construyeron un edificio de dos plantas, con catorce salones, vivienda para el profesor-celador, antejardín y patios para el recreo. Como llegaron muchos niños, nos trasladaron a casi todos los profesores de la casa vieja y de otras escuelas a la nueva sede de la nueva sede de la...

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