¡Soy chofer... y qué! (4)

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(Quiero comentar a mis lectores que esta novela está escrita en lenguaje chofer; para mejor comprensión, publico el vocabulario en artículo aparte).

Mi compadre Uldarico Morales distinguió a mi mujer, la propia, que no fue mi mujer porque, ella, dijo que yo no era capaz de hacerle un chino, vieja pendeja, si la que no era capaz era ella, yo tengo un hijito con otra y el chino ya debe tener diez años, lo tuvimos por la época que mi compadre se casó y hasta fuimos los padrinos de matrimonio, pero nos abrimos porque ella era una puta; bueno, era una mujer que trabajaba en un café y todos dicen que las que trabajan de meseras en los cafés son putas y ya; con esta no me casé por pendejo, por pensar en lo que dirían los amigos y familiares míos; yo creo que con ella hubiera sido feliz, pero, ahora no puedo arrepentirme porque al final me casé como Dios manda y se me putió el matrimonio propio y aquí estoy, de compadre con mi compadre y con mi comadre, feliz como padrino de los niños de él, adorando a mi comadre, sin pensar mal cabrones.

Yo venía en mi bus y me agarró el trancón, en la carretera, poco antes de llegar a la curva de San Martín de Porres, mandé a mi ayudante a averiguar lo que pasaba y, cuando oí las noticias de la radio, transmitidas en directo desde el helicóptero, corrí hasta donde sabía que mi compadre estaba, y lo consolé como una madre, le sequé las lágrimas y lo acompañé, hasta cuando llegaron los de la vial y midieron y preguntaron a los chismosos reunidos y, después lo detuvieron y mandaron el bus para los patios porque, según las declaraciones, él era el culpable de todo. Le jodí la vida a los carros que estaban delante de mi bus, dejé de mala gana a los pasajeros donde tenían que bajarse y, a pesar de que mi jefe me mandó la orden, con el despachador, que debía salir con la siguiente línea para la capital, dejé el carro en la playa y me fui por mi compadre. Cuando el trancón, la policía vial llego como dos horas después de ocurrido el accidente, yo saqué mi bus por donde pude y, después de agarrarme a lengua con todos los de la playa, regresé, a ver que iba a pasar con mi compadre.  

QUE SE JODA EN LA CÁRCEL  

Vida hijuemadre, tanto escándalo porque un chofer, que trabaja con uno, mató a cinco personas; esos cabrones viven matando a la gente todos los días y el jodido, siempre, es uno; me duele que a mí, Hermógenes Venegas, me molesten por güevonadas de esas, si mató cinco, que se joda en la cárcel, desde que no le haya pasado nada al bus que es nuevecito, ¡Virgen Santísima del Carmen! Que al busecito no le haya pasado nada, porque, aunque el seguro pague, son por lo menos diez días entre el taller y los patios y, entonces se pierde la plata, y, a mí ¿Quién me responde por las pérdidas? Ahora, van a venir todos los verracos amigos de ese bruto con el cuento de que necesita abogado, y que la mujer del indio bruto que estrelló mi bus se quedo en la olla, a mí que me importa, si lo que pierdo con cada cagada de esas es mucha plata; la sola reparación del bus, aunque no se haya dañado mucho, vale hartos billetes, miles, y a mí ¿quién me responde?

Indios irresponsables, desgraciados, infelices y demás, para no decir malparidos. Yo comencé con un carrito pendejo y destartalado hace treinta años y me jodí trabajándole a un patrón, hasta que ahorre la plata suficiente para la cuota inicial, arras en esa época, de un camioncito que me dio para pisar el negocio de una “chiva” y esta, mas después, para mi primer bus. El segundo bus fue en compañía del compadre Juaco, pero salió calceto pocos meses después y tuve que sacarle el cuerpo y pagarle su parte; para acortar el cuento, año tras años a punta de sacarme el jugo, sin ahorrar esfuerzos ni sacrificios fui acumulando mi capital, ese que ahora es mío, pendejos del carajo, y todos ustedes los choferes quieren morder porque piensan que me lo gané silbando; imbéciles, uno tiene lo que tiene porque no lo despilfarró, como ustedes hacen con los centavos que se ganan, donde las guarichas que les sacan los billetes del bolsillo y les dicen dizque: “mi amor, papito lindo, mijito del alma” y ustedes, cretinos, creyentes en las voces de las putas, les piden trago del que las viejas quieren, de ese que ustedes nunca toman porque por lo fino les ampolla la jeta, pendejos; ahora que son mis asalariados y quieren tener algo en la vida, pues coman mierda trabajando como yo la comí.

¿CUÁNDO TERMINARÁ DE AMBICIAR?

El llega tarde todos los días, generalmente borracho, hablando bestialidades de los choferes que le manejan los buses; siempre jurándome que tiene pérdidas porque el peor negocio del mundo es el del transporte, y jurándome por Dios, todos los días, que tan pronto como pueda se retira del negocio y se dedica, mas bien, a la agricultura o a la ganadería que son mas rentables, pero nunca cumple su juramento. Al chiquero en que vivimos me da pena invitar a las amigas, por mas humildes que sean; nuestro “pomposo” hogar es una acumulación de porquerías viejas y repuestos oxidados de sus malditos carros; yo, conociendo varias casas de sus choferes, se que tienen mayores comodidades que nosotros, y eso que mijo Hermógenes les paga salarios miserables, dizque con diez buses mi marido vive nada mas que para comprar carros; mientras, nosotros: él, dos hijos varones y yo, vivimos en una pieza, pagando arriendo en un inquilinato asqueroso, de donde amenazan con echarnos cada rato porque los fierros de mi marido están por todas partes; nuestros dos muchachos, que ya son creciditos, con la disculpa que consiguieron trabajo en la capital, ahora solo se quedan los fines de semana y cada vez me insisten, en que deje a Hermógenes y me vaya con ellos, definitivamente; yo sigo esperando a que él, mi esposo, cambie o me iré con mis dos hijos a quienes no les importa nada la plata que pueda tener el papá sino hacer su propia vida y organizarse, decentemente, dicen.

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