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TIERRA DE MUERTOS (Capitulo 1)

TIERRA DE MUERTOS

“EARTH OF DEAD”

 

 

 

 

 

 

 

 

-Willmer C. Castillo Páez     

 

 

 

 

 

 

 

TIERRA DE MUERTOS

“EARTH OF DEAD”

 

 

 

 

 

 

“El Infierno puede llegar a ser hermoso, si logras ver la belleza que alberga en aquella oscuridad, la paz que puedes llegar a encontrar, desearías vivir por siempre en ese espacio, porque sin la oscuridad, la luz no sería más que la nada”.

 

-Willmer C. Castillo Páez.

 

 

 

 

 

 

TIERRA DE MUERTOS

“EARTH OF DEAD”

 

Willmer Camilo Castillo Páez

Ilustraciones de Estiven Silva

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

GRUPO EDITORIAL

CASTILLO  DE  PAPEL

 

 

 

Copyright© Willmer Camilo Castillo Páez

Copyright© Grupo Editorial Castillo De Papel                   

 Para habla Hispana AA Bogotá, Colombia

 

 

Reservados todos los derechos.                                                         

Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

GRUPO EDITORIAL

CASTILLO  DE  PAPEL

CONTENIDO

 

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Capítulo VI

Capítulo VII

Capítulo VIII

Capítulo IX

Capítulo X

Capítulo XI

Capítulo XII

Capítulo XIII

Capítulo XIV

Capítulo XV

Capítulo XVI

Capítulo XVII

Capítulo XVIII

Capítulo XIX

Capítulo XX

Capítulo XXI

Capítulo XXII

Capítulo XXIII

Capítulo XXIV

Capítulo XXV

Capítulo XXVI

Capítulo XXVII

Capítulo XXVIII

Capítulo XXIX

Capítulo XXX

Capítulo  XXXI

Capítulo XXXII

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo I

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

-¿Qué es este sentimiento que brota desde mis entrañas?, ¡me duele!, Arde como las llamas, lo aborrezco. Porque vienen estos malditos recuerdos, ¿Por qué ahora? Este sentimiento, lo recuerdo vivido, fluyendo como la sangre en mi interior, siento que sudo, este calor me asfixia, este cosquilleo en mi pecho duele como aves rapases asistiendo, siento que se quiebra en millones de pedazos mi alma, como si de una porcelana se tratase, sensible cayera desde un precipicio, es una sensación de vacío, hay un sonido rondando en mi cabeza, parecen cacareos, son tantos como un bucle, repitiéndose una y otra vez, me volveré loco, suenan cadenas arrastrándose, murmullos de personas ¡¿Quién esta hay?!,  alguien más está  aquí con migo, su presencia devora mi percepción, siento su respiración, escucho que trata de decir algo pero no logro escucharle, todo está borroso, como si una gruesa capa de neblina cubriera todo el lugar, creo que hay agua,  algún tipo de líquido, no sé qué es pero está húmedo, rodeando mis pies, tengo miedo de caminar tal vez  tropiece, ¿Qué hago aquí? No lo soporto,

-¡AYUDA!, un nudo en la garganta me impide gritar con fuerza, Tengo miedo por favor, paren esto, tengo frio, me duele, ¿Dónde estoy?, siento pánico, ya no puedo más, siento que voy a desmayar.

*Alguien toca mi hombro al mismo tiempo que caigo desmallado.

-Abrí los ojos y levante mi torso de la cama dando un salto, mi corazón latía tan rápido que sentía las pulsaciones en la cabeza, todo mi cuerpo estaba bajo un colapso emocional, temblaba y miraba a todos lados, todo estando oscuro, utilizando el tacto intente identificar donde estaba, era mi cama,   pude sentir un ligero cambio de temperatura y aunque mi respiración aún no estaba tranquila pude sentir refrescante el frio que recorrió por mi cuarto.

-Eh? Esto era tan solo una pesadilla, pero aun así seguía con mis manos sudorosas, sentía un olor a azufre rodeando mi habitación y además de ello, lagrimas estaban cayendo en mi cobertor, eran mías, no lo podía creer, aun mi mente seguía en estado de shock, rápidamente me gire para ver la hora en el despertador; eran las 3:32 de la mañana, Lunes 24 de Enero, levante la vista hacia el techo estire mis manos, levante mi cuerpo desnudo,*Dormía particularmente solo con una pantaloneta, el clima es muy caluroso en la ciudad, especialmente en Verano.

Me dirigí a encender la luz de mi cuarto, abrí la puerta y camine hacia el baño principal de la casa, suavemente y sosteniendo la pared como guía, puesto que aun mis ojos seguían sin adaptarse a  la oscuridad, entrando no vacile en dirigir mi atención hacia el espejo, tenía el cabello todo alborotado, las cuencas de mis ojos dejaban la evidencia de falta de sueño, y un rojo suave cubría lo que en general era el blanco alrededor de mi pupila, sin más remedio me gire para tomar la toalla que estaba tras de mí, la utilice como bufanda para no mojar mi cuerpo, abrí el fregadero y empape mi rostro de agua completamente fría, parecía cubos de hielo, aun así no importo, salpique y masajee tantas veces hasta lograr soltar el estrés somnoliento que revelaba, una vez satisfecho cerré el fregadero y levante mi rostro para conectar mis ojos con los de mi reflejo fue hay entonces cuando me pregunte.

-¿Qué Diablos fue lo que paso?, A mi mente empezaron a llegar breves escenas que despedían esos momentos siniestros e infaustos, esas escenas me hicieron cerrar los ojos, y sin aviso el sentimiento que había sentido en esa calamitosa pesadilla, ese cosquilleo perturbador que yacía desde mi “mi corazón” espontáneamente llegaba a todos los rincones de mi pecho llenándome de un escalofrió infausto que recorría mi cuerpo, un temblor se apodero de mí, y sentí ganas de vomitar, no podía controlar lo que parecían recuerdos de la pesadilla de hace tan solo un momento, por fortuna, intervino la voz familiar e incidente de mi Madre.

-¿Quién anda hay?!  Irrumpió mi Madre en la oscuridad y el silencio de la noche.

Reaccione tras esa llamada de atención, aun mi pulsaciones eran inquietantes, y el temblor que se había apoderado de mi cuerpo seguía sin dar avisos de tregua, hice un esfuerzo para que mi voz no se escuchara nerviosa y mucho menos que causara una sensación alarmante, con mi antebrazo secando el sudor en mi frente.

-Soy yo Madre, estoy en el baño.

Intente sonar lo menos nervioso posible, pero no funciono, le di un vistazo al espejo y de revuelo observe que una lagrima que  se había escapado del ojo izquierdo, presuroso pase la toalla por mi rostro. Mi Madre se acercó rápido como si ella tuviese ese sexto sentido del que tanto hablan y especulan, escuche sus pisadas que dejaban sentir la preocupación  en el ambiente, y antes de que ella me dijera algo por el estado en el que me encontraba, que por experiencia sé cómo es de sobreprotectora y lo que conllevaría un dialogo innecesario con el psicólogo, cerré la puerta tan pronto que el viento en el baño revolvió las cortinas, me pasme por un instante hasta escuchar el crujir de la puerta, y el intento de forcejear la cerradura del baño por parte de mi Madre.

-¡¿Qué pasa?! Dije, con toda la calma sensata que me quedaba.

-¿Estas bien hijo? Un suspiro se escapó de la voz de mi Madre.

-Estoy bien, solo que me duele un poco el estómago, ¡eso es todo!

Aunque desconfiaba de que me haya creído sostuve esa piadosa mentira como si de la verdad absoluta se tratase.

-¿Te traigo algún medicamento? Dijo con más calma.

-No te preocupes, no es para tanto, haciéndola pensar que todo estaba bajo control.

-Si me necesitas solo ve al cuarto, allí tengo los medicamentos si el dolor no te deja dormir.

-Lose Madre, ¡gracias! Vete a dormir, descansa.

-Descansa cielo.

Cuando escuche sus pasos alejarse solté sin querer un suspiro sonoroso, rápidamente lleve las manos a cubrir mi boca, y aunque ya sabía que era inevitable  el sonido que podría llegar a los oídos de mi Madre, que por desdicha para mí, tiene el oído agudo más increíble del mundo *Una vez logro escuchar la caída de un alfiler estando en otro cuarto a varios metros de ella.

Me acerqué sigiloso posicionando mi oído en la puerta para escuchar mejor. Para fortuna mía, mi Madre ya había retomado su sueño y yacía durmiendo en su cuarto.

-Respire a fondo, dejando pasar lo ocurrido como superado, volví la mirada una vez más hacia el espejo dentando cada minúsculo detalle de mi rostro, me fije que una traviesa lagrima se había escapado, tome la toalla y le di fin, insinuando que esos recuerdos ya no me atormentarían el resto de la noche.

Abrí la puerta del baño, apague la luz, me fui de puntitas al  cuarto, quería evitar a toda costa algún simple sonido, si mi Madre se levantaba y me miraba en este estado deplorable, tendría una  charla con la psicóloga del Instituto, y aunque era muy bonita, en ocasiones sus preguntas se volvían capciosas e inhabituales, todo un cliché en cuanto a sus interrogantes. ¡Por fin! una pícara sonrisa se dibujó en mi rostro, cerrando la puerta de mi cuarto, deje caer mi espada sobre la madera dejando salir un suspiro cautivo en mí, impulsándola y haciendo sonar las bisagras oxidadas que sostenían la puerta de caoba, *ese sonido de bisagras viejas atormentaba la noche, parecía salida de una película de terror. Puse el seguro sintiéndome más tranquilo, era casi como un ritual, apague la luz, balancee mi cuerpo impulsándome hacia la cama, gire para ver la hora en el despertador, marcaba las 3:59 am, me quede con la mirada fija en él, como si mi mente me quisiera decir algo, pero quedaba completamente muda, toda estaba en blanco, en un equilibrio errático, como si el tiempo se hubiese detenido tan solo un instante, cuando el sonido del clic característico del reloj sonó al cambio de hora, haciéndome entrar en razón recordé el horario de ese lunes.

-Mañana empiezan las clases, me dije presuroso y preocupado, puesto que no quería llegar con cara de muerto el primer día de clases.

Sin más reparo tome la almohada que estaba a la mejor temperatura que pudo haber estado, *Fría y refrescante además de esponjosa, perfecta para devolverme el sueño que había perdido por haber humedecido mi rostro, metí los pies bajo el cobertor y me dispuse a intentar dormir.

Había momentos en los que sin anuncio un desdelo de recuerdos revestía mi mente, a toda costa intentaba evitarlos. No sé como pero tras esa lucha extensa el sueño y el cansancio se apodero de mí dejándome dormir.

-¡Ring Ring! *Alarma

Abrí los ojos y di un vistazo al despertador, 4:40 de la mañana, marcaban las horas para levantar mi cuerpo, ¡qué pereza! Dije deliberadamente, no me importo por ese instante quien me escuchara.

Me levante, estire mi cuerpo, haciendo tronar mis muñecas hasta el dedo meñique, dirigí la mirada hacia mi equipo de sonido, bajando el volumen, tome un disco de mi banda favorita Guns n' Roses, y colocando en aleatorio el modo de reproducción.

Gire hacia mi uniforme, lo observe por breves instantes, hasta que la música empezó a sonar.

-November Rain. Dije, de forma aprobativa, era una canción excelente e iba con mi ambiente.

Volviendo mi atención hacia el uniforme de la institución, varias imágenes de recuerdos llegaron a mi mente, risas, juegos, era todo un recreo, valiosos momentos que eh compartido junto a mis compañeros, sus rostros venía a mí, viéndome con una sonrisa de oreja a oreja. – ¡Que alegres tiempos eran esos, me gustaría poder recordarlos bien! –me dije dando un suspiro y tomando el uniforme para dirigirme al baño.

Cuando termine de vestirme presentable, y de haber peinado el lacio y oscuro cabello que tengo por mi Padre, escuche la voz de mi Madre llamando.

-¡El desayuno está servido!, dijo a manera de alerta, mi hermano menor Charly abrió la puerta de su cuarto, luciendo listo para el Colegio grito:

-¡Ya voy! Un tanto impaciente, y siendo sincero, yo también lo estaba.

Tome mi morral, baje las escalera, de repente un momento de oscuridad desvelo mi mente, un pequeño diadema de la pesadilla de anoche figuraba latente en mis ojos, recuperando un poco la cordura, moví mi cabeza y parpadee un par de veces, por fortuna  la imagen ya se había disuelto.

Me senté en el comedor de vidrio decorativo, el desayuno estaba servido, un dulce aroma redondeaba el ambiente, me hizo sentir reconfortable, se veía de primera el desayuno.

-Despide señales de humo, dijo Charly tomando un cubierto y soplando para disminuir la temperatura.

Mi Madre al vernos listos para partir dijo tan conmovida por lo que sus ojos atestiguaban;

-Mis Hijos, tan grandes que ya están, hace tan poco tiempo que en mis brazos descansaban y en mi regazo relinchaban, que tras las cortinas se ocultaban cuando hacían sus diabluras, los berrinches que hacían cuando querían algo y esos pañales su…

-YA MAMÁ, interrumpió Charly tras hacer gestos de aburrimiento con su rostro, sus ojos se volteaban y dejaban ver esa cortina blanca, que se arruino cuando dijo:

-Pero aún tiene una berrinchuda niña, perezosa sin remedio que hasta donde yo sé, nunca se ha levantado temprano, ¿o me equivoco? Dijo a manera de burla.

-Mi Madre mirándole a los ojos como si hubiera hecho algún daño, se acercó y le dijo, “ella es la niña de la casa, su hermana, Celenia la princesa y hay que protegerla de todo siempre” a lo que Charly responde:

-Pero una cosa es proteger, y otra muy diferente es hacerla pensar que de verdad es una princesa, que por cierto, si cree eso, ese nombre con que la adornaron, “Celenia” *empezó a reírse deliberadamente, como si hubiese escuchado un buen chiste.

-¡Van a dejar de discutir! Irrumpí para que se dieran cuenta de la ridícula discusión que sostenían.

Me levante  y  sin más preámbulo me despedí de todos en casa, tome mis audífonos, encendí el mp3, abrí la puerta de cedro oscura, que también tenía ese característico chirrido de las bisagras antiguas que daban escalofríos.

-hasta pronto, dije sin dar vuelta atrás y con mi mano derecha en el aire balanceándola a manera de despedida.

Estando ya lejos de casa, mire hacia el cielo, que aún estaba oscuro y nuboso, a mí alrededor observe centellando las luces amarillas de los postes que eran devoradas por la pesada neblina que colgaba en esa fría mañana.

Levante mi antebrazo izquierdo para darle un vistazo al reloj, anunciaba las 5:45 am, era perfecto, sabía que llegaría temprano ese día al Instituto.

Silbe junto a al ritmo perteneciente de la música a volumen alto que proyectaban mis audífonos, cuando de repente una sombra paso cerca de hombro izquierdo dejándome perplejo, abrí los ojos asistiendo con rápidos parpadeos para darme una mejor visión de lo que ocurría.

*Era más grande que una paloma, tenía un plumaje negro noche, muy brillante, y una cola de contorno redondeado.

Me detuve allí para ver mejor aquella ave, fijándome en sus características me di cuenta que era un cuervo, pero tenía algo especial, su ojo izquierdo era rojizo, -supuse que un accidente lo había dejado en ese estado, pero mientras más que le quedaba viendo sentía una influencia cautivadora en aquella ave,  casi que hipnotizánte, me sentí en trance, pero luego entre en conciencia y haciendo balancear mi cabeza de un lado a otro y tras un pestañeo di un vistazo una vez más a la curiosa ave, pero esta ya se había marchado, no escuche el aleteo de sus alas, probablemente por mis audífonos, pero sabía que mi sentidos eran muy activos, lo que herede de mi Madre, al final no le preste mucha atención  a ello, de todos modos tenía un compromiso pendiente; el Instituto.

Solo por capricho levante mi antebrazo para darle un vistazo de nuevo al reloj, anunciaba las 6:25 am, lo que me asombro al instante, un temblor recorrió mi cuerpo de pies a cabeza, sentí la temperatura de mi rostro elevarse.

-Tan solo han pasado unos minutos, me dije, ¿Por qué en mi reloj el tiempo avanzó tan veloz?

Acaso había sido mi confrontación con el ave que me dejo en ese estado de trance, lo que me dejo imperceptible a mí alrededor, y de esa manera tiempo paso de prisa por culpa del cuervo,

 -No creo dije, incrédulo de la situación, aparte la mente de ese acontecimiento y aunque en mi interior me causaba intriga y mala espina lo que había ocurrido.

*No es tiempo de pensar y ponerme a indagar cual Shakespeare salía de mii interior, llegare tarde al Instituto si no camino ligero hasta allí.

Ya en la entrada, vi el letrero de reojo, ponía en letras abstractas, como de arte moderno; “Instituto Nacional Wisdom Hearth”, supuse que habían contratado un artista de calidad, se veía bien, se notan los presupuestos.

Me apresure a la entrada, hice un guiño al celador, levante la palma de mi mano derecha haciendo alusión de espera, por fortuna, fue grato y espero en la entrada.

-Gracias señor, dije de manera amigable.

-los gracias no pagan nada, dijo estirando la mano a manera de reclamo.

-¿Qué quiere? Dije enojado, sabía que quería dinero a cambio de haber dejado la puerta del instituto abierta para mí, saque de mi bolsillo unos billetes un tanto arrugados y se los di.

-Sigue llegando tarde, me dijo.

-Claro aprovechado, en tono descortés y enojado gire y se me escapo *Insecto arrastrado.

-Solo espere, me dijo en tono amenazante.

-¡No le tengo miedo insecto!, dije sin medir mis palabras y en tono desafiante,  la verdad para nada me importaba, solo sabía abrir puertas pensé, no creo que logre hacer gran cosa.

Corriendo hacia mi salón de clase, que por desdicha estaba en el último piso del edificio C, de los 7 que había, teniendo 5 pisos, y las escaleras más molestas en la faz de la tierra, sin mencionar lo anticuadas que estaban, largas y  en otros tramos estrechas, además que dejan un sonoro eco tras las pisadas de quien las subía, *maldita estructura, dije me enojaba más saber que  notarían mi respiración acelerada y el sudor en mi frente.

Me detuve en el cuarto piso para pasar por el baño de caballeros que había sido remodelado y ahora contaba con espejos nuevos y más grandes, perfectos para peinar mi cabello que se había echado a  perder al trotar hasta el punto en el que estaba.

 

-¿Pero qué diablos? Grite con miedo llenado un nudo en mi garganta, Vi mi reflejo en el espejo y quede perplejo por lo que me revelaba.

 

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