DESCUBRIR A DIOS EN SÍ MISMO

 

“DESCUBRIR A DIOS EN SÍ MISMO Y RECONOCERSE A SÍ MISMO EN DIOS”

Toda actividad de cualquier Ser Humano tiene que estar pensada, calculada y dirigida hacia su evolución como Ser Superior, porque la misión de toda persona refleja la manifestación de su Ser Creador ilimitado y todopoderoso.  Razón más que suficiente, totalmente evidente para enfrentar el día a día cotidiano desde la realidad individual pero conservando la consciencia de unidad inseparable e indivisible. 

El uso del libre albedrio lo hacemos todos por inercia, consciente o inconscientemente;  sin embargo, en la gran mayoría de los casos se nos olvida que este es un don para toda persona humana ya que pasar por encima de esto, del uso del libre albedrio, nos lleva a manipular las circunstancias de acuerdo con nuestros intereses particulares, pretender saltarnos el libre albedrio del prójimo implica la más grave irresponsabilidad contra la justicia y la equidad de la naturaleza. 

Por supuesto que esto es imposible, alterar la equidad y la justicia de la naturaleza es algo que no nos es permitido, lo que sucede es que todas estas trampas, falacias y tretas que suelen tener buenas consecuencias inicialmente, no son otra cosa que  el engaño del demonio, quien nos manipula la psiquis de tal manera que nos enreda, y nos enreda y nos enreda en la cruel cadena de los resultados convenientes para nosotros  y cuyo último anillo será una consecuencia funesta pero real y acorde con la impureza de nuestra intención y eso es porque mientras nosotros manipulamos al prójimo el diablo nos  está manipulando a nosotros.  A alguien, no recuerdo su nombre para darle crédito pero le pido permiso para hacer referencia a su hermosa frase, le escuché decir que: “el alma de un hecho es la intención”.   Intención que si es buena o mala, tan solo puede determinarse en el Ser Interno Individual, por esta razón es tan importante el autoconocimiento, porque a éste, a nuestro Ser Interno Individual no lo podemos manosear…

El poder creador del Ser Humano es ilimitado e incalculable, corresponde a la consciencia interna de cada uno calificar lo bueno o lo malo porque es exclusivamente allí, en la consciencia interna, donde se da el juicio final y es allí mismo donde se asignan los premios y los castigos, siempre acordes con la buena o mala fe y la pureza o impureza de sentimientos.    Y es que, en el corazón de todo Ser Humano conviven Dios y el diablo con el mismo poder sobre nuestra mente; la  mente de toda persona esta colonizada y sometida al bien y al mal por partes iguales; de la atención que le prestemos a nuestros pensamientos y de la intención con que los direccionemos dependen todas las facilidades o dificultades que se nos presentan en la vida; en la plena consciencia para identificar nuestros pensamientos radican todas las realizaciones o frustraciones que  tengamos que afrontar porque en la observancia de nuestros pensamientos encontramos la fortaleza para el manejo y control de nuestras sensaciones y emociones lo cual ya indica e implica un ejercicio de Ser Superior, Ser Superior en camino permanente y eterno hacia su Ser Divino.  

La evolución y crecimiento de la especie humana no puede depender ni mucho menos debe verse limitada por la moda, la cultura o la época; el progreso y adelanto del Ser Humano no puede estar sujeto a factores externos a su Ser interior, el desarrollo y perfeccionamiento del Ser Humano no puede estar sometido a   causas ajenas a su sustancia Divina, porque estas siembras ocasionan muchos traumatismos cuando se vuelven obsoletas y precisamente se vuelven obsoletas porque no logran identificar la unidad y porque desconocen la indiscutible semejanza entre la especie humana y, por el contrario, lo que hacen es generar absurdas diferencias motivadoras de toda clase de divisiones.  Las reglas morales caducaron porque no aguantaron el conocimiento de otras culturas; las normas sociales murieron atropelladas por el modernismo de la mente abierta; mente abierta a la mutilación de los principios.  Ni hablar de los criterios científicos que no sobreviven a un nuevo estudio.  Igual ha sucedido a lo largo de la historia de la humanidad con el credo religioso, cada vez más segregado en infinidad de sectas que, lejos de activar esta maravillosa energía, lo que hace es restarle la inteligencia y la humildad necesarias para captar y respetar la filosofía religiosa del prójimo.

Sin embargo, todos estos cambios y transformaciones tan crueles que está padeciendo la humanidad parece obligarnos a entender y a acatar la unidad indivisible del Ser Humano con su Ser Divino como la manifestación silenciosa de un  Único Creador;  parecería que todas estas vicisitudes y perturbaciones tan drásticas que está sufriendo la humanidad nos  conduce y nos induce a visualizar en el prójimo el reflejo humilde y soberano  de nuestro propio Ser…

Y sí, es que es indispensable el autoconocimiento para poder ver la Divinidad que hay en el prójimo; es decir, “conócete a ti mismo y te encontrarás en el otro”.

La razón de ser del género humano es, sin lugar a dudas,: “descubrir a Dios en sí mismo y reconocerse a sí mismo en Dios”  para entender la unidad indivisible, inmaculada y perfecta de la creación como una sólida base para arraigar el respeto y la tolerancia por todo Ser de la naturaleza.  De ahí en adelante todo lo demás fluye; “descubrir a Dios en sí mismo y reconocerse a sí mismo en Dios” es la raíz necesaria e indispensable para el desarrollo de toda esa infinidad de dones y talentos con los cuales fuimos dotados.  Infinidad de dones y talentos que es sinónimo de diversidad, diversidad que refleja tan solo Unidad y Generosidad. 

 

 

 

 

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