La anarquía de la justicia

La justicia. Magna palabra, gran significado y uso diario en nuestro vivir. Desde que el hombre existe, busca la [[justicia]]. Para ello, cada vez que descubre una injusticia, trata de corregirla. Se subleva, entra en contradicción con la justicia existente, hace la guerra, se desarrolla, lucha, muere, mata. Todo por encontrar el equilibrio en el vivir diario que vaya de acuerdo con el razonamiento de la época de turno.

Una vez vencidos los obstáculos para que la injusticia se corrija, el hombre fundamenta e impone su justicia a otros, la protege con leyes y vela porque sea cumplida a cabalidad… Hasta que otro ser humano vea a la justicia existente como una injusticia y el círculo vicioso comienza de nuevo. Guerras, hambrunas, terrorismo, muerte, muerte y más muerte.

No obstante, la justicia actual, más conocida como el [[Derecho Romano]], se ha mantenido contra todo pronóstico desde la creación del Imperio del mismo nombre. Es más, ampliando un poco este aparte, con seguridad podemos afirmar que todo nuestro entorno y nuestra sociedad están basados en lo iniciado alguna vez en la [[Antigua Roma]]. Hace más de dos mil años, [[Roma]] era la crema y nata de la [[civilización]]. Y el hombre, a través de los siglos, continuó la tradición de esa extinta gran [[cultura]].

Pero regresemos al apasionante tema de la justicia. Un acusado, un defensor y un ente acusador más la base misma del derecho romano: “todo hombre se presume inocente hasta que se pruebe lo contrario”. Suena hermoso. Dan ganas de llorar ante tan grandiosa [[utopía]] hecha realidad. Pero surge una pregunta: ¿cuándo un hombre deja de ser inocente y se convierte en culpable? La respuesta es obvia: una vez llevado a cabo el proceso de recopilación de pruebas, el ente acusador pasa a demostrar que dichas pruebas representan la culpabilidad del acusado, mientras el defensor trata de demostrar lo contrario. Hasta acá todo se toca por las notas.

En un principio dicho proceso es perfecto y debería funcionar. Pero, como siempre, el mismo hombre comienza a complicar las cosas por ser él mismo un hombre. ¿Y qué tenemos hoy? Acusados cuya responsabilidad es más clara que el agua andan tranquilos por las calles, protegidos por fajos de billetes y por hombres que representan a la justicia en sí. Hombres inocentes en las cárceles en lugar de los responsables. Violadores, pederastas y asesinos confesos, que salen a la calle por “tecnicismos” y que no pueden ser encarcelados. ¿Es esa la justicia que no da el derecho romano? ¿O ya llegó la hora de ver las injusticias en la misma justicia?

El problema de la justicia actual radica en la misma [[burocracia]] que enfrentamos todos los días, sumada a las ganas de dinero fácil. Voy a hablar de un ejemplo cercano que en este momento está ocurriendo en mi familia. Una persona contrata un abogado para que la represente (ya que por ley es obligatorio contratar el abogado – por algo será que esas leyes son escritas por abogados) en un cobro ejecutivo de un cheque por una suma respetable que terminó “sin fondos”.

El abogado en cuestión, antes de iniciar la querella dice: “Necesito un anticipo de US$1.000 y el resto es el 20% sobre lo ganado. El caso se resolverá en máximo seis meses y usted tendrá su plata”. En este momento ya hay una injusticia en la justicia misma. El abogado recibe honorarios por sus servicios, pero quiere el 20% de lo que corresponde al defendido. Astutamente, además, calla que el juzgado designará un monto que deberá pagar la contraparte al mismo abogado. Es decir, cobra honorarios y dos comisiones distintas por punta y punta.

Pero esto tan sólo es el principio. Con resignación, la persona de quién les hablo le cancela al abogado el anticipo y comienza el calvario. El abogado presenta el proceso y hay que esperar dos meses para que “entre al juzgado”. Después, pasan otros tres meses para que el juzgado ejecute una mísera carta del abogado, solicitando el pago. Después pasamos al período de pruebas: testigos, interrogatorios de parte y parte, pruebas documentales, no documentales, etc. Este período toma de uno a dos años, ya que los testimonios e interrogatorios pueden prolongarse indefinidamente ya que los abogados pueden no asistir y pedir traslado, lo mismo los testigos. Y cada traslado representa tres o cuatro meses de aplazamiento. Mi familiar va al juzgado, para reclamar por la demora y se estrella contra un muro de soberbia imposible de flaquear. Y cuando reclama por la falta de atención y de interés, recibe una escaldada y el apodo de “complicado”, por velar por sus intereses, sin tener en cuenta a los pobres jueces, secretarios y escribanos, con su mísero sueldo de funcionario público y tan agobiados de trabajo que no tienen tiempo ni para tomar un tinto (aunque la verdad es que cada vez que uno va al juzgado no los ve trabajando).

El abogado, inconforme con las multas y sanciones que dicta el juzgado, solicita (sin pedir autorización a mi familiar) ampliar la cuantía del crédito. El juzgado se niega y entonces el abogado apela, lo que lleva a otros cuatro meses de demora, mientras el Tribunal Superior toma una decisión.

El Tribunal decide a favor del abogado y en este momento comienzan a ocurrir cosas extrañas. El abogado desparece, aconseja no presentar pruebas, no va a las audiencias y hay que trasladarlas y al mismo tiempo dice a mi familiar que “todo está bien y estamos ganando el caso”. Y mi familiar estaría confiado, hasta que una tarde recibe una llamada en la que le avisan que su abogado se vendió a la contraparte.

Inmediatamente, mi familiar corre al juzgado a revisar el caso y, efectivamente, el mismo ha sido abandonado por el abogado. Y ya había pasado un año y medio desde que el [[Tribunal Superior]] ordenó ampliar las sanciones, cosa que hasta el momento no se había hecho realidad. Desconcertado y furioso, mi familiar retiró el poder al abogado y contrató a otro (a quién también tuvo que desembolsar un anticipo).

Pero, cuál no sería la sorpresa de mi familiar, cuando el abogado que lo traicionó, que abandonó el caso y lo estiró a tres años de duración (y a la fecha no ha concluido), que casi lo hace perder, instaura dentro del proceso una “regulación de honorarios”, para que se le pague el 20% sobre el proceso! Y lo peor del cuento es que el Juzgado estudia, en este momento, cuánto más mi familiar tendrá que desembolsarle.

Esto es tan sólo un ejemplo donde los daños son morales y materiales. Pero ¿cuántos casos de injusta justicia se lleva a cabo en los casos penales? Hombres inocentes, encerrados tras las rejas por uno, dos, diez años, mientras algún abogado decide su suerte.

La justicia hace rato desapareció del mapa, ahogada por la burocracia, la pasión por el dinero y el olvido de los valores. El amor a la profesión se extinguió hace rato y el valor del individuo se convirtió para los abogados en un número más que podría engrosar su cuenta bancaria. Los magistrados (abogados con un rango mayor en el escalafón) buscan cómo crear leyes que entorpezcan y compliquen más la vida del ser humano del común.

¿Cómo es posible que un violador y asesino de cientos de niños salga a la calle después de purgar un corto tiempo en la cárcel? ¿Cómo es posible que hombres que han matado a miles de personas reciban una pena de diez años máximo? ¿Cómo es posible que las penas de un crimen sean diferentes para las personas de acuerdo a su posición social e influencia política? ¿Cómo es posible que la Justicia le haga el juego a la Política? ¿Cómo es posible que en gobiernos democráticos se permitan todos los actos anteriores?

Así que el Derecho Romano ha muerto, señores. Que viva la Anarquía de la Justicia y las Leyes. ¡Que viva la burocracia y sus funcionarios! ¡Que viva la politiquería y el dinero! Porque las leyes las hacen ellos, para ellos y con ellos. Nosotros hace rato que dejamos de formar parte del ente jurídico y nos convertimos en algo molesto, pero necesario para el enriquecimiento de los abogados, sus políticas y sus leyes.

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