La autoestima

Este el contenido de una charla que hice a un grupo de damas esposas, hijas, amigas o familiares de adictos.

Quiero comenzar analizando la palabra AUTOESTIMA: Estima= significa consideración o aprecio que se tiene hacia algo o alguien, es la valoración que le damos a esa persona o a ese objeto. Auto= uno mismo. De esto concluimos que autoestima es la valoración o a aprecio que sentimos por nosotros mismos. ¿Qué tanto nos estimamos?, esta es una pregunta difícil de responder; cada uno de nosotros es mal juez de sí mismo, tenemos la tendencia a valorarnos por lo alto, que no es bueno porque conduce a la soberbia;  o, lo que es muy malo, a valorarnos por abajo, o subvalorarnos, y esto es simplemente tener una autoestima negativa, autoestima baja o, en el peor de lo casos no tener ninguna estimación por nosotros mismos.

¿Cuándo se pierde la autoestima? Rara vez se da que se pierda en forma automática, de un momento a otro, la valoración que una persona se da a sí misma se va perdiendo poco a poco, con el paso del tiempo. A medida que los valores que cada uno tiene desde su infancia se van debilitando por causas externas a su propio ser, el aprecio que se tiene la persona va disminuyendo cada día hasta casi desaparecer en algunos casos extremos. Cuando uno no se quiere está expuesto a que otro u otra lo utilicen, lo manipulen y lo conviertan en una caricatura, es decir en alguien muy diferente de lo que uno era cuando de verdad se apreciaba. Entonces, la persona con la autoestima por el suelo se somete a otra persona y se transforma en una especie de esclavo o por lo menos de sirviente del manipulador.

Nadie nace predestinado a ser sumiso, esto se aprende poco a poco durante la vida, sin darnos cuenta. Es un comportamiento aprendido y por la misma razón, puede ser modificado. Cuando se agacha la cabeza ante otros parece que muchas personas lo consideran una actitud normal; cuando se defienden los derechos legítimos, ahí sí que protesta más de uno, comenzando por el ser que abusa y maltrata, rebajando la autoestima. Son muchas las personas que van desarrollando una capacidad increíble de aceptación a normas y comportamientos que están en contra de su forma de ser, de sus principio morales y religiosos, inclusive de su salud, con tal de no llevarle la contraria a los demás; esto hace que la imagen que la persona tiene de sí misma se vea reducida a una caricatura.

Lo más grave del caso es que cada persona maltratada, humillada y con la autoestima por los suelos tiene en claro, en su cabeza, que ese ser no es ella pero, continúa el sometimiento y el auto maltrato para acoplarse a la personalidad de otros seres. En el caso de las que están en contacto con un adicto enfermo, en este caso concreto  un  alcohólico, es casi siempre el miedo el que no las deja actuar para superar los impulsos normales que están diciendo en su interior que no se rebajen más: que si su pareja, su padre, su hijo o su nieto alcohólico  no quieren cambiar… pues allá ellos, usted no puede cambiarlos a ellos pero si puede transformarse a sí misma.

Desafortunadamente muchas mujeres (es el caso de Al-anon) se acostumbran tanto a la explotación y al abuso permanente que ya no pueden acomodarse a la realidad que las rodea y se quedan sumergidas en el pequeño mundo que les permite el borracho. Más grave para la persona con la autoestima baja es que defiende al que la está humillando con frases como estas: “el es así, esa es su manera de ser”, “Así debe ser, es que él es muy responsable y tiene derecho a…”, “pobrecito, es que tiene muchos problemas en el trabajo y yo como se los voy a agrandar en la casa…” Las disculpas abundan para justificar al dominador.

Los familiares de seres consumidos por la enfermedad del alcoholismo anteponen sus necesidades personales y de alcohol a las de toda la familia, incluyendo sus hijos. Es que no solo los familiares y amigos del alcohólico activo ven rebajada su autoestima, el mismo alcohólico no se quiere a sí mismo y, a medida que avanza la enfermedad sin que busque ayuda o trate de encontrarle solución a su problema, su imagen se va deteriorando cada vez con mayor velocidad. Ese ser cariñoso y pulcro, cumplidor de sus deberes como padre y esposo, responsable en su trabajo, se va transformando en un ser desconocido que desciende cada día un nuevo peldaño hacia la degradación… y con él arrastra a toda la familia.

Aquellos que crecimos en familias con historias de consumo alcohólico somos particularmente vulnerables a sus efectos. Aprendimos a no hablar, a no confiar, a no sentir. El mismo alcohol nos volvió débiles ante los abusos y arbitrariedades fuera de la familia. El miedo a llevar la contraria es una constante en la baja estima. Sentimos que los derechos de los demás siempre están por encima de los nuestros; en vez de superarnos nos acomodamos, en lugar de protestar y exigir decimos que sí aunque vaya en contra de lo que pensamos, de nuestros sentimientos y nuestras emociones.

Las personas con la autoestima en su nivel más bajo presentan características comunes, unas más, otras menos, todos los dependientes de otros, presentan rasgos como estos:

  • Soledad. Con una sensación angustiosa de querer ser parte de algo, sin embargo la persona se aleja tanto de todo que no puede relacionarse con nada ni con nadie. Esta soledad ahuyenta a los que desean ser sus amigos, quieren acercarse pero con nuestras actitudes los rechazamos y después en nuestro interior les echamos la culpa de nuestro aislamiento y soledad.
  • Temor. El miedo principal  cuando se tiene baja estima es el miedo al rechazo; pero también miedo a lo desconocido, a lo nuevo, al abandono, a una negativa. Se teme a todo lo que puede representar rechazo y fabricamos las respuestas por adelantado, yo quisiera hacer tal cosa pero lo más seguro es que me digan que no…
  • Necesidad de… Es el convencimiento de que no me quieren y no me pueden querer. En el fondo nos decimos que no merecemos el amor de nadie. Pero no es sólo amor de la pareja, es la necesidad de amor de nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros hijos. La amistad de los vecinos, de los compañeros de trabajo… tampoco existe porque no creemos merecerla.
  • Desconfianza. Estamos convencidos de que no somos capaces, que la tarea que pensamos emprender es superior a nuestras fuerzas, que si nos atrevemos a realizar algo nos va a salir mal. En estos estados lamentables de baja autoestima nos convencemos a nosotros mismos que no servimos prácticamente para nada, en alguna forma estamos sobrando en este mundo.
  • Ingobernabilidad. Todos los factores sumados desencadenan en que se pierde el control sobre uno mismo y se establecen lazos de dependencia de otros seres, que muchas veces es total y definitiva. Esta dependencia no siempre es codependencia porque la codependencia se da en las dos direcciones y si yo dependo emocionalmente del otro pero este otro no depende de mí, sólo existe la dependencia en una dirección.
  • Pensamientos de muerte. La soledad, el abandono, la desesperación, la desconfianza en nuestras capacidades, todo estos factores sumados traen una terrible depresión que puede terminar en suicidio. Las personas con baja autoestima ocupan uno de los primeros renglones en las estadísticas de suicidio o, por lo menos en intentos de auto eliminarse.
  • Venganza. En el otro extremo del suicidio está el deseo de que el abusador se muera, lo maten o matarlo para que deje de fastidiar de una buena vez. Se desea con tanta intensidad que se llega a orar a Dios para que lo elimine. Después, los complejos de culpa por estos malos deseos hacen descender aun mas, si es posible, la estima.


¿HAY REMEDIO?

Por supuesto que hay remedio. Lo primero es tener la intención de cambiar; se asemeja al Primer paso de todas las comunidades que siguen los Doce Pasos y las Doce Tradiciones. Si no hay la intención y la certeza de querer un cambio en nuestras vidas, no ocurrirá jamás el cambio que se desea. Recordemos que no hay peor enfermo que el que no se quiere curar. Entonces, para empezar a quererse lo primero es aceptar lo contrario, es decir que uno no se quiere a sí mismo, y si no se quiere uno, ¿Cómo puede esperar que lo quieran los demás?, ¿Cómo puede una persona que no se quiere a sí misma querer a otras personas?

Para todo problema existen varias soluciones. Esta puede ser una de las respuestas:

 

  • No alimentar la baja estima. Si cada día nos repetimos esas frases re afirmativas que perpetúan el poder de los demás sobre nosotros, pues la imagen que tenemos de nosotros se va deteriorando cada vez más. Debemos pensar y actuar en contrario, es decir, reafirmando que si podemos, que si somos, que si sentimos y que podemos cambiar para mejorar.
  • Buscar ayuda. Recordemos que solos no podemos. También se debe tener bien claro que la respuesta que una persona encuentra para su problema no significa que le sirva a todos los que enfrentan el mismo conflicto. Algunos buscan ayuda profesional en psicólogos, psiquiatras, trabajadoras sociales. Muchos se refugian en la religión, esto lleva a que en la búsqueda de respuestas se cambie de creencia religiosa. Y ocurre también que en la nueva iglesia tampoco se encuentre la solución, esto desencadena nueva preguntas sin respuesta.
  • La FE, definitivamente Dios es ese [[Poder Superior]] que puede ayudarnos en todo lo que pensemos hacer y cambiar. Pero, también está la fe en nosotros mismos, cuando dudamos de nuestra capacidad de resolver dilemas, es inútil el esfuerzo que gastamos tratando de cambiar porque, desde antes de intentarlo ya pensamos en la derrota. Entonces, con el convencimiento de que deseamos con toda el alma superar los miedos y salir de esa dolorosa situación que nos asfixia, damos el siguiente paso: ponernos en manos de un Poder superior que nos ama.

Sé que el tema es muy extenso y se necesitarían muchas horas para exponerlo en su totalidad. Por ahora dejo en este punto y espero que mis palabras sean de alguna utilidad.

Edgar

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