LA GUERRA DE LOS NIÑOS

   No perdemos la inocencia con la edad, sino con la experiencia. Y es que algunos o algunas viven muy rápido, son grandielocuentes tempranos y sabelotodos persistentes. En otras ocasiones se vive rápido por que está impuesto, no hago más que recordar, al respecto de esta reflexión, en los niños de la guerra, ellos no eligen ser adulto pues se lo imponen las circunstancias que asumen gracias a su vulnerabilidad. Paradógicamente, esta imposición de madurez a un niño es aplicada por los adultos que no han crecido mentalmente, supongo, pues juegan a las guerras como niños pero con consecuencias de adultos y estas son terribles. ¿Qué consecuencias tienen estos sometimientos hacia la infancia?. Por lo pronto se pierde la niñez y la inocencia a muy temprana edad, emocionalmente se crea un desequilibrio de su estabilidad. Los patrones establecidos se rompen, la figura familiar queda reducida a una anarquía inmadura donde prevalece la confusión entre lo que es real y lo que es imaginario, de modo que se pierde el sentimiento de culpa, uno de los sentimientos que se quedan anulados en la psicopatía. Un niño cercenado, que es como se podría denominar a esta situación, mezcla la imaginación propia de la edad biológica con la realidad que está viviendo, sin tener responsabilidad; pero ello es aprovechado por los adultos inmaduros que saben de la espontaneidad y de la inestabilidad de un niño, lo aprovechan para su beneficio y lo utilizan como arma-escudo humana. 

     La inocencia de un niño debe ser protegida y los que atenten conrtra ella, sobre todo cuando la utilizan para matar escudándose en ellos, deben ser duramente castigados. Los poderes deben poder prevenir, educar y , si ya se ha producido la cercenación de la infancia, rehabilitar y restablecer, en la medida de lo posible, el estado natural de la infancia. También se debe educar y dar las herramientas necesarias a la sociedad para que esto no se produzca. Un niño debe jugar y aprender con respecto a su edad. Un niño debe estar libre de los prejuicios de los mayores y seguir el instinto de amistad y amor que les es innato. En ocasiones pienso que deberíamos aprender de ellos, de su inocencia y de su espontaneidad para la amistad y el amor, sólo así conseguiríamos que los adultos no nos peláramos tanto.

Fdo: Alfonso J. Paredes. 

SafeCreative/Copyright REGISTRO DE LA PROPIEDAD INTELECTUAL.

IMAGEN RECOPILADA DE INTERNET

(picando en la imagen se abrirá la página de la fuente de la misma)

Niños en guerra

Comentar