La paz en Colombia: Si hay voluntad, hay esperanza

No ha sido menos letal el Ejército de Liberación Nacional (ELN) que las FARC para los colombianos. Voladura de oleoductos, toma de poblaciones, secuestros, horror y muerte hacen parte de su lóbrego legado.  Tienen quienes en él han militado enorme deuda con la sociedad. Deuda impagable si se tratara de saldar con castigo daños irreversibles. Posible, en la medida en que sus actos tiendan al apaciguamiento y la reconciliación. Por desgracia los subversivos son tozudos; pero hay gestos que aunque aislados alientan la esperanza.

Francisco Galán, guerrillero que tiene por alias ese nombre, fue dirigente importante del grupo que menciono; autor, determinador o cómplice de actos que juzgamos reprobables. Capturado en 1992, estuvo en la cárcel 13 años, tiempo en que ejerció la vocería del grupo armado. Libre desde hace tres, acaba de proclamar su oposición a las  hostilidades. Ha dicho que renuncia a la guerra sin abandonar la facción a la que pertenece.  Así dicen que se lo expresó al presidente Uribe, a quien visitó en la Casa de Nariño. Por su actitud y la entrevista el ELN le quitó la vocería. ¡Ojala exista sinceridad en sus palabras! Es muy probable: desde hace ya buen tiempo en su “Casa de Paz” explora con dirigentes políticos, empresarios, diplomáticos y líderes estudiantiles entre otros, salidas al conflicto. ¡Qué la suerte corone sus buenas intenciones!

Yo, reacio como el que más a movimientos revoltosos que frenan el progreso y hacen blanco de su brutalidad al pueblo por el que justifican su existencia, saludo la actitud de “Galán”, y la resalto. A guerrilleros que piden perdón –muchos de las FARC en esa condición hay en las cárceles- a guerrilleros que desisten de sembrar el terror en campos y ciudades, a guerrilleros que trabajan por la paz, es posible estrecharles con sinceridad la mano, y abrirles espacio para una fraterna convivencia. No a aquéllos empeñados en acabar con la Nación por sus mezquinos intereses. En eso consiste la mano extendida y generosa, y el pulso firme –severo e implacable-.   

La buena voluntad abre caminos, los gestos sinceros de los alzados en armas consiguen más que el ruido de las balas. Y no es Colombia insensible a sus señales. En un pasado no lejano bajaron los guerrilleros del M-19 del monte a las curules. Llegaron con propuestas que fueron premiadas en las urnas. Antonio Navarro fue copresidente de la Asamblea Nacional Constituyente. Hoy muchos de ese grupo o del EPL son ciudadanos de bien reconocidos. Muchos asientan en el parlamento, en las asambleas y en los concejos, otros tantos ocupan en el Estado cargos de importancia. Alcaldes y gobernadores hay o ha habido con pasado subversivo, hoy se les respeta y se les quiere.

¿Qué esperan para negociar los grupos subversivos? Sin más aporte que el silenciamiento de sus armas y el fin de sus acciones, el gesto les será por el país reconocido.

 

Luis María Murillo Sarmiento

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