Lágrimas de cocodrilo

El mundo se ha solidarizado con la tragedia que desencadenó el terremoto de 7.3 grados en la escala de Richter, el martes 12 de Enero de 2010. Las noticias rebosan de imágenes de rostros famosos de la política y farándula internacional organizando campañas para recibir donativos. Los correos electrónicos se sobrecargan con imágenes mórbidas, sangrientas y horrorosas, también solicitando donativos. Facebook y Twitter no se quedan atrás. La CNN explica, mediante simulaciones e imágenes virtuales, el porqué de la cantidad de muertos, saca a relucir estadísticas y entrevista a víctimas de la tragedia; congela imágenes siniestras de camiones descargando cuerpos en fosas comunes; y, como los demás, también solicita donativos.

Como cosa rara, es necesario que ocurra una tragedia para que el mundo tome acciones correctivas, cuando las preventivas habrían ahorrado miles de vidas, lágrimas y dolor, por no hablar de daños materiales. Lo ocurrido en Haití es una tragedia anunciada, pero sólo unos pocos daban la alarma, sin lograr ser escuchados por los hoy muy preocupados y condolientes ONU, CNN y países, organizaciones y figuras relevantes de la farándula y política internacional.

Las estadísticas, que CNN ha sacado a relucir como si sacase un conejo del sombrero, para sensibilizar a la audiencia, no son nada nuevo y eran conocidas por todos los que ahora ponen cara de sorpresa y dolor. Algunas de ellas, para no abrumar al lector, son:

1. El 29 de mayo del 2004 un temblor de tan sólo 4.4 grados en la escala de Richter, ocurrido en el municipio fronterizo de Jimaní (República Dominicana) provocó 1200 muertos en Haití.

2. Geólogos estadounidenses habían presentado un informe en el 2008, durante una Conferencia Geológica del Caribe en Santo Domingo, en el cual proyectaban la posibilidad de un terremoto en Haití, curiosamente con magnitud de 7.2. Las consecuencias del terremoto proyectado eran catastróficas.

3. Según la UNICEF, el 55% de la población haitiana (2007) estaba por debajo del índice de pobreza, lo que permite deducir el tipo de estructuras en las que residen.

4. Desde 2004, Haití ha sido castigada por huracanes y tormentas tropicales, como el huracán Jeanne, cuyas consecuencias aun no se habían superado.

Así que la situación en Haití presagiaba un desastre humanitario en cualquier momento. Podría venir de cualquier sitio, ya que la “economía más pobre de América” no estaba en capacidad para enfrentar algún tipo de catástrofe.

¿Qué habían hecho las organizaciones internacionales para solventar todo lo anterior? Es cierto, la ONU tenía una base en Puerto Príncipe y un puñado de héroes trabajaba día y noche tratando de ayudar a los haitianos. Había también representantes de distintas ONG’s. Pero siempre eran un puñado de hombres y mujeres (cuyo número dudo llegue a más de mil) que trabajan desinteresadamente, tratando de ayudar a una población pobre, acostumbrada a sobrevivir.

¿Y dónde estaba el resto del mundo?

El resto del mundo estaba preocupado por sí mismo y las estadísticas, tan señaladas por los científicos, geólogos, antropólogos e historiadores se dejaban para después, igual que ocurrió el 26 de diciembre de 2004 en Asia.

Y ahora, después de la tragedia, todos miran “estupefactos” los resultados del terremoto, temiendo que la cifra de muertos ascienda a 200.000, llamando al mundo entero a ayudar y culpando a las estadísticas de los sucesos.

Pero las estadísticas no tienen culpa alguna. Son simplemente números a los que representantes de distintos organizaciones internacionales, gobiernos poderosos y multinacionales híper millonarias deberían haber hecho caso años atrás.

Muchas ciudades a nivel internacional están, literalmente, al borde del peligro por su localización sobre fallas reconocidas, donde de un momento a otro se espera un temblor más destructivo que el de Haití. ¿Cuántos desastres harán falta para que los gobiernos y organizaciones internacionales en verdad comiencen a actuar, en lugar de preocuparse?

Hoy el mundo está tomando acciones correctivas para ayudar a los sobrevivientes de Puerto Príncipe. Pero la tragedia y la cantidad de víctimas podría haber sido mucho menor, si se tomaran acciones preventivas. Lamentablemente estas se toman sólo después de una tragedia, como se ha demostrado en una infinidad de casos a nivel mundial.

Es necesario ayudar a los sobrevivientes y me uno a las voces pidiendo socorro. Mis oraciones están con las víctimas y sus familias. Y aun más ruego a los poderosos que, en lugar de desperdiciar dinero en guerras, armas y basura consumista, inviertan en actividades para prevenir tragedias como la de Haití, para no derramar nuevamente lágrimas de cocodrilo.

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