los 63 de toña

LOS 93 DE TOÑA

Apenas voy a conocer a Toña, la esposa del tío Pedro, a quien tampoco conocí y que  falleció hace ya muchos años. A la celebración de los 93 de Toña nos ha invitado Amparo, la prima que hace muchos años no veíamos, hija del tío Pedro y de Toña.  Me impresionó la lozanía y lucidez de una mujer a esa edad y después de haber parido y criado como a ocho hijos, además de haber sido papá y mamá para cuatro nietos.

Los del Cerrito éramos como quince de la familia que íbamos para Buga, con más ganas de averiguar cuentos y bochinches del abolengo que de cualquier otra cosa.  Aunque la verdad sea dicha, este tipo de asambleas progenies son una delicia, en donde salen a relucir todo tipo de susceptibilidades que nos ayudan a comprender el porqué de muchas de nuestras sensibilidades.

Charla va y  charla viene alguien pregunta por la descendencia del primo Tair, hijo de la tía Maruja ambos, madre e hijo, ya fallecidos.

El primo Tair, a quien tampoco conocí y mucho menos a su familia, fue un prospero narcotraficante en los años 70s y 80s.   Dicen que logró almacenar una fortuna incalculable de la  misma manera se comenta que llegó a conformar una prole incontable.

Del primo Tair cuentan que una vez se dio cuenta que las autoridades le venían rastreando la avioneta en la cual se trasladaba y este, ni corto ni perezoso y sin pensarlo más de una vez, disque aterrizó la nave y le prendió candela y se escapó del operativo oficial.  Tuvo una muerte trágica el primo Tair, mencionan que se estrelló borracho contra un muro de una de las estaciones de gasolina que eran de su propiedad, antes de cumplir los 50 años de edad.

Entonces la prima Maribel, preguntó: que hay de los hijos de Tair?

Todos en la inmunda, contesta la prima Amparo, todos están regados y llevados.  Aquí en Buga tan solo hay dos de ellos, uno es moto ratón y otra tiene un puesto de arepas. 

Yo estoy un poco retirada y le pregunto al primo Blas, que también es del Cerrito como yo, por tanto a este si lo conozco de toda la vida, cuántos eran pues los hijos de Tair?

Hasta donde yo alcancé a seguirle el rastro, eran veintiocho, contesta Blas, no sé si habrá más.  ¡Increíble, no! Veintiocho hijos si es una cosa estrafalaria tanto en varones como en mujeres, veintiocho hijos si es algo grotesco así en pobres como en ricos.

Entonces no alcanzó la fortuna para tanta gente? Pregunto yo asombrada.

Si, si alcanzaba porque era mucha la riqueza que dejó, contesta Blas, pero los muchachos no la supieran manejar, se volvieron locos y la dilapidaron integra.

El desenlace de la vida y la fortuna del primo Tair y su enorme familia no es muy distinto al final de la vida y el caudal económico de la gran mayoría de estos personajes que logran  amontonar enormes posesiones a costa de todo tipo de sacrificios, personales y ajenos,  morales y sociales, etc., porque prevalece por encima de cualquier otra condición la ambición por el dinero abundante, dinero abundante que, en la gran mayoría de los casos, ocasiona todo tipo de tragedias y conflictos a la sociedad e incluso hasta dentro de esas mismas familias.  No obstante, esta historia de vida del primo Tair se repite y se repetirá desde siempre y hasta siempre…

Ya al terminar la tarde emprendemos el camino de regreso al pueblo.  Veníamos seis personas en el carro.  Mis dos hermanas, mi tio Luis, dos primas y yo.  La charla corre por cuenta de las dos primas y gira en torno a la vida de pareja de una de ellas.  Los demás escuchamos y quizás hasta pensamos pero nada más.   Esta parrafada se refiere a la dura y cruel vida que ha llevado la protagonista de la historia al lado de su marido de toda la vida, este parloteo nos pone al tanto de cómo ha transcurrido la vida de esta heroína al lado de su único marido.

La comedianta, en medio de quejas y  lamentos por la dolorosa vida que ha vivido con el hombre y por el hombre en cuestión, nos cuenta a todos nada en secreto ni mucho menos aquí entre nos, como es que hace de todo para que este victimario se vaya de la casa. 

He ido a todas partes; a donde me dicen voy; hago todo lo que me digan y no he podido sacarlo de la casa.  Ya no se qué hacer, estoy desesperada.  La otra prima apenas escucha, la verdad parece que ninguna de los demás tenemos algo que aportar a la conversación.  Todos nos limitamos a sentir lástima por la prima, ¡pobrecita, que mujer tan sufrida!.  De repente, de labios de la otra prima parece salir la explicación y, por ende, la cura para nuestra conmiseración.

No será prima que de tantas cosas que vos le hiciste durante tantos años a ese hombre para retenerlo y que no se te fuera,  todavía hay algo que no has disuelto? Dice la otra prima, con lo cual me deja boquiabierta.

No, yo ya deshice todo, todo.  Lo único que me faltaba era el trabajo que me hizo doña fulana, te acordas de la señora de Buga, donde yo iba?...

Esta sí que es una historia bien repetitiva. Cada vez me doy mayor cuenta, que no se trata de posición económica, ni mucho menos es cuestión de estudio o del nivel intelectual de una persona.  Pero si es un asunto de muy poca estima y de  valor propio mínimo, desafortunadamente muy generalizado entre las mujeres, los tales trabajos de hechicería para amarrar a un hombre sin tener visión de que se está haciendo es a un encarte para toda la vida.   Definitivamente y para todo el mundo “la vida no se queda con nada, tarde o temprano nos pasa la cuenta de cobro”.

 

 

 

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