Me estafaron en La Red

Sea porque han sabido aprovecharse de mi exceso de confianza, o porque pequé de ingenuo, de todos modos, he sido víctima de un delito, al que se le puede denominar, una estafa o timo, no sé cuál de las dos es el más apropiado, o si están presentes ambos, configurados en uno solo, pero definitivamente, es mi deber moral darles a conocer la situación, para que tomen las precauciones necesarias.

Como preámbulo, y por si acaso es necesario precisar sobre lo que narraré, doy las definiciones de la RAE para estas palabras:

  • Timar. tr. Quitar o hurtar con engaño. || 2. Engañar a alguien con promesas o esperanzas.
  • Timador, ra. m. y f. Persona que tima.
  • Estafa. f. Acción y efecto de estafar. || 2. Der. Delito consistente en provocar un perjuicio patrimonial a alguien mediante engaño y con ánimo de lucro.
  • Estafador, ra. m. y f. Persona que estafa.

Sea lo uno, o lo otro, en conclusión, coinciden en que se trata de conductas reprochables, de personas, que mediante engaño, o induciéndola al mismo, obtienen la confianza de una persona, para posteriormente, despojarla de sus bienes y propiedades, generándole detrimento en su patrimonio, y obteniendo para sí un lucro, de manera ilícita, e injustificada.

Ahora, lean y formen su propio juicio de valor.

Los hechos

En SIGO JOVEN, conocida red social, publiqué varias fotos de mis cuadros y una de las damas de la comunidad, cuyo nombre me reservo por caballerosidad, dijo interesarse por algunos de ellos. Yo, como hombre honrado, confíe en su expresión de desear adquirirlos, -y como sea que todas las relaciones contractuales parte de la base de depositar confianza en la persona con quien se negocia-, desprevenidamente se los envié, bajo la promesa de pago después de recibidos (hay constancia de envío y de recibo); así, remití primero cuatro, y después tres óleos.

Ella, al recibirlo, manifestó entusiasmo por la calidad de las obras, y me dijo que iba a montar una exposición con 18 cuadros míos en el Ayuntamiento de su ciudad (por ahora, reservo el nombre) y pidió esa cantidad, tal como reza su mensaje, a través de la red.

Me di a la tarea de pintar, sin descanso, con el ánimo de cumplir su pedido, y entre tanto, recibí de la solicitante, mensajes en que decía, que era importante   alcanzar la meta, pues ya tenía encargados y era un hecho la venta de cinco de ellos (hay constancia).

Para abreviar, cuando le pedí dinero para materiales y nuevos envíos, comenzaron las excusas, “...que primero había que enmarcarlos...”, “...que después de la exposición...”, “...que salía de viaje...”, -esta última sí parece que fue cierta- y otras disculpas mas. De pronto, inusitadamente, y aduciendo incomodidad por un presunto correo electrónico, que dijo provenía de mi buzón, y que consideró ofensivo, lo cual aprovechó, para asumir un cambio de actitud, y desconocer el compromiso comercial adquirido.

Sorprendido por dicho comportamiento, pero aún pecando de ingenuo, porque hice primar mi buen concepto, y traté de comprender que habría sido tan agraviante, y atentatorio de su moral y buenas costumbres, le manifesté, de antemano, excusas, porque es usual que hackers, infiltren y se apropien de cuentas electrónicas, para introducir virus informáticos, y yo fui víctima, porque desde mi email, se enviaron indiscriminadamente a todos mis contactos (hay pruebas).

A pesar de ofrecer mis disculpas, por tal impasse, -que no fue generado por mí, pero sí desde mi cuenta-, ella tuvo el hecho, como pretexto para decir sentirse ofendida, y negar la obligación respecto de mis pinturas, a tal punto que entró su marido en escena, y simplemente, para desviar mi reclamación, ofrecieron enviarme, 300 euros por siete cuadros; Yo, en mi honorable, asentí, pretendiendo acreditarlo como un adelanto del pago; pero, pasó el tiempo y del dinero, nada.

Transcurrido otro tiempo, y luego del envío de notas de cobro, el tono del señor subió agresivamente. En su última respuesta, dice que el seis de julio, y llegó la fecha y del dinero nada.

Mandé un mensaje preguntando por el pago y el señor, lleno de excesiva prepotencia y arrogancia, contestó amenazando con denunciarme por acoso y que la próxima debía hablar con su abogado, y con la advertencia que nunca vuelva a comunicarme con él, ni su esposa.

Pregunté a varias amigas de SIGO JOVEN, españolas ellas, si era un delito en España cobrar las deudas y me dicen que no, entonces, en conclusión, me timaron, estafaron o robaron por ser tan ingenuo. Tengan cuidado con estos dos timadores que bajo la apariencia de personas respetables quien sabe a cuantas más personas han esquilmado.

Como soy escritor, creo que esta historia, con lujo de detalles saldrá publicada en varios portales de la red, claro que con la advertencia de que está basada en hechos reales pero con los nombres cambiados por razones de seguridad,  pero especialmente, la mía por supuesto, pues los timadores saben cómo cometer sus tropelías impunemente.

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