De la tele

Y ahora, ¿qué? ¿De qué escribir?

Repetición de la repetidera,

Va siendo hora de cerrar,

Y de cambiar el mismo tema.

 

Pero no puedo describir,

Ni el amor, ni la belleza,

Ni el cuerpo seductor,

De la mujer que me embeleza.

 

No me nace, no lo siento.

Tan sólo puedo yo hablar,

De la tristeza circundante,

De la proliferación del mal.

 

De cómo entre las verdades,

Que han surgido a granel,

Ninguna toca realidades,

Que son el diario quehacer.

 

Y escuchando a Neruda,

Que tanto habla del amor,

Ha olvidado que hoy en día,

Es del dinero el valor.

 

Que la mentira nos domina,

Que la pasión es el horror.

Mientras más son los mutilados,

Mayores las ganancias son.

 

Donde la carne tiene precio.

Y la mujer es un pedazo,

Efímero mercado negro,

Donde su cuerpo es pesado.

 

Donde las vidas de personas,

Sus pasiones, su amor,

Han sido convertidas en acciones,

Que disputa todo productor.

 

Donde una caja de tostadas,

Se promociona con pasión,

Mostrando niñas empelotas,

Que no simbolizan su sabor.

 

La ridiculez del productor,

Que olvidó intimidades,

Vendiendo todo por montón,

Hasta su madre, por beldades.

 

Y el engaño de la pantalla,

Perjurio crea en los ojos.

Dificultando el pensar,

Creyendo que somos mejores.

 

Idiota es aquel,

Que cree que en TV aprende.

Porque lo único que ve,

Es cómo ella a uno miente.

 

Donde no importa qué se ve.

Tan sólo las utilidades.

Tan sólo importa el convencer,

Para comprar en cantidades.

 

La expectativa ha cambiado,

Hay que jugar a ser perfecto.

El cuerpo que hizo el escultor,

El que hoy les da sustento.

 

Y aquellos pobres idiotas,

Que creen lo visto en la TV,

Empiezan pronto las dietas,

Basura compran a granel.

 

Que es necesario el inglés...

Y el cuerpo de una diosa...

¡Amor, mirá en tu corazón!

Ya Dios te hizo a ti tal cosa.

 

Pero el culto a la imagen,

Que no transmite sentimiento,

Ha enturbiado la razón,

Y el pensamiento se da por muerto.

 

La gente siente por los ojos,

Y piensa sólo por los oídos.

Ya que lo dijo el “doctor”,

En la TV, en la entrevista.

 

Señora, abre el corazón,

Señor, olvide “doctor”,

Es simple hombre como usted,

No siempre lleva la razón.

 

Y no hay que hablar de las novelas.

Horror producen, y pesar.

Donde aquellos que las miran,

Juran que es la mismísima verdad.

 

Y sueñan con ser Rosa María,

Que con su jefe se casó.

O mejor ser como Pedrito,

Aquel que en jefe se convirtió.

 

Señores ¡abran los ojos!

Eso no pasa en realidad.

Los tienen a ustedes en hinojos,

Ante el becerro de oro de la actualidad.

 

Han degenerado la familia,

Y han causado perdición.

¿Cuánto tiempo pasas con tus hijos?

¿Y cuanto con la televisión?

 

Y la excusa es perfecta:

“Es una forma de información”.

¿Cómo afecta a tu vida,

saber que ocurre en Dragon Ball?

 

¿Qué repercusiones tiene,

que Fidel de su silla se cayó?

¿Cómo afecta tu negocio,

que Britney su pelo se tiñó?

 

Y los políticos nos mienten,

Por esa transmisora de información.

Pero como salió en la pantalla,

Verdad debe ser la declaración.

 

Y tantas verdades al mismo tiempo,

Bloquean toda reacción.

Pues hay que pensar en la novela,

Reality, políticos, farándula y acción.

 

Y la información que era santa,

La base del crecimiento de la sociedad,

Perdió sentido y esperanza,

Degenerando a la humanidad.

 

¡Qué nos importa que en la radio,

nos digan que tal personaje es ladrón!

¡Igual ladrón aquel que habla!

¡Igual aquel que denunció!

 

Porque gracias a la tele,

El valor ya se perdió.

Porque la vida es más fácil,

Cuando se ve en la televisión.

 

Porque Rambo nos educa,

Que la guerra es ficción.

Y que el terror de unas torres,

Fue el producto de fricción.

 

Pero nos callan que los hechos,

No son como la tele nos los muestra.

Son más profundos, y son muestras,

En una vida de problemas.

 

Miércoles, 27 de abril de 2005

 

Comentar