Decreto sin número

La peor puñalada que puede asestársele a una mujer
es aquella causada por los ojos de su mejor amigo,
cuando éste voltea la cabeza y decide verla como mujer.

Enamorarse no sólo es ilusionarse en sentimientos
también es liberar el instinto que nos define como animales.

Ver a tu amiga de infancia ahora vuelta una mujer
es una traición regurgitada que nos desgarra,
nos desgarra con el sólo esfuerzo de pensarla.

Somos animales pisando la grama de esta realidad,
hembras con vagina y machos con pene.

No acepto la naturaleza de ese dogma tan darwiano;
ha de existir más esencia que el tacto y el contacto.
Pero es duro entenderlo si tus manos ya han tocado su piel.

Una vez lleno de feromonas es tarde,
ahora se han entrecruzado en tus cabales.

La quise tanto pues fue mi única compañera,
no sé en que momento la quise tanto más
que hube de disminuir el valor de su amistad.

Vivo en el ácido de mi sangre su partida,
la extraño en mis juegos de mesa como antes.

Y deseo tenerla en mis brazos aún sedientos,
aspirando otra vez el perfume de sus cabellos,
saboreando de nuevo sus labios como nunca lo hice.

Es más complejo que un suspiro infantil:
es deseo hecho sudor en los poros de mi amistad.

Un amigo es la conclusión de la fraternidad.
una amiga es la paradoja entre valor y sexo.
El hombre es hombre y la mujer es mujer.

No existe la amistad pura entre hombre y mujer.
A veces se aman, en ocasiones se dañan.

Ya no me interesa que sepa cuánto lo lamento,
es pasado como me decía y ella ahora también.
Ojala su teoría acierte y todo sea una fiebre pasajera.

Tres personas no pueden vivir juntas es un hecho;
puedes compartir el amor pero no el lugar que mereces.

Siempre la recordaré como mi mejor amiga
y espero que ella así también me recuerde;
como los vecinos que una vez fuimos y no seremos más.

                                                      (Del Poemario: Acerca de mi Mejor Amiga)

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