Ecos de tristeza

Soledad, el vacío en mi alma.

Vivir en una nube de alegría,
pensando que la felicidad
nunca se acabara,
que la compañía siempre estará,
pensando idiotamente
que el amor carnal es el único que existe.

Siento un peso en mi espalda,
un nudo en la garganta
y tristeza en mis ojos.
Intento no pensar,
me dejo guiar
por lo que siento en el alma,
en mi corazón
y en el pesar de mis ojos cansados.

Amor, sentimiento constante
que aun no logro comprender.

Todo empezó con un inocente juego,
mi intención no era llegar a tanto;
solamente quería saciar
este deseo embriagante,
pero perdí.
Me hundí en mi propia partida,
me deje llevar más
por el deseo del amor
que por el de la piel.
“Mea culpa”
quise alejarme de ti,
ignorarte completamente.
Caí en mi propia trampa,
ahora trato de envolverte de nuevo
pero ya es demasiado tarde
para retenerte.
Ahora pago la tristeza
de no tenerte,
del no poder besarte una vez más.
Te has convertido
en un sentimiento constante.

Recuerdos,
aquellas noches revolotean
en mi cabeza
como abejas en un panal.

Las noches de invierno
en nuestro mundo,
amándonos a cada instante,
buscándonos a tientas en la obscuridad.
La música de fondo en el aire,
tu corazón palpitando muy cerca del mío,
el éxtasis en el eco de tus susurros.
La tenue luz
colándose a través de la ventana
y la brisa envolviendo
nuestros cansados cuerpos.
Eres mi placer, mi perdición y mi adicción.

Extrañar, mi corazón hablando.

Admirarte mientras dormías,
tu tierno beso al amanecer,
tu dulce sonrisa.
El aroma de tu cuerpo.
Las noches que me pedías
que no me marchara,
el amanecer a tu lado
y tu dulzura abrasadora.

El despertar del sueño.

Ahora me doy cuenta
de que es demasiado tarde,
te he perdido,
ahora veo que debí
haberte dicho a tiempo
lo importante que eres para mí.
Complementabas el músculo
más importante que tiene mi cuerpo,
mi corazón.

Penitencia.

Sufrir en silencio.

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