Esposo muerto

Repican las campanas
en la plaza del pueblo
tañen baladas
a un esposo muerto.
Aúlla la esposa
a los cuatro vientos;
"que tu sudario sea mi condena
y tu mortaja mis sufrimientos.
Que se escara mis entrañas
que me sirvan de duelo
que se llague mi boca
saboreando mis últimos momentos.
Que se cierren puertas y ventanas
a tu paso hacia el cementerio
que nadie perciba mi mirada
ni mis lágrimas,ni mi aliento.
Que me despojen de mis vestidos
y me cubran de harapos negros
que me arranquen los cabellos
y los esparzan por los senderos.
Que mis pechos se sequen
como si fueran desiertos
que en mis labios se apague
cualquier deseo.
Que mi lecho sea tu fosa
y mi vida el destierro
de vagar yo sola
sólo con tus recuerdos.
Que se aparten de mí
las frivolidades mundanas
el bullicio y el jaleo,
que mi alegría sean las ganas
de querer un cuerpo muerto.
Que se alejen de mí
la esperanza y la paz,
que me pudra por dentro
con mis remordimientos.
Que el silencio sea mi guía
y mi destino el consuelo
de yacer junto a ti,
junto a mi esposo muerto".

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