Julieta no quiere amar

Fría noche de invierno, la melancolía opaca la luz.

Vivir ya no es lo mismo para la flor que nació cuando ya las demás habían muerto.

 

Se ha agotado el tiempo de seguir, pero ella se niega a admitir que se debe rendir.

Quién le asegura que no la harán sufrir,

quién se atreve a decir que siempre será feliz,

que su color rosa viva no se empañará ante lo que seguro la marchitará.

 

Desconfianza, temor y quizás miedo; invaden el alma pura de la flor que mira a la luna.

Piensa que tiene la culpa, no se explica cómo sucedió,

cómo él llegó a tomar el timón del barco que navegaba sin pensar en el mañana difuso de la niña de cristal.

 

¡Pobre flor!, su vida cambió. Cuando ella menos lo esperó, él llegó.

No le importa qué pasará, pues solo quiere otra víctima de su horror.

Nada lo detiene, quiere sangre de lágrimas,

quiere ver llorar para saciar su maldad, quiere borrar la felicidad,

quiere agrandar la reputación que algunos le dan.

 

Amor que invadió lo virgen del alma de una flor, aléjate de lo que no te aprecia.

El sufrimiento te engrandece como el combustible al fuego.

¿Por qué ella? Déjala jugar en el jardín de su vanidad,

déjala seguir sin más que la felicidad que le promete su mundo irreal.

 

¡Veté, veté! ¡Déjame, déjame!

Quiero seguir sin tener que escuchar las ideas que tú me das;

repite hasta el cansancio la pobre, con su corazón acorralado entre lo mejor y lo peor.

Confundida no puede más, quiere liberarse de las cadenas de su opresor,  pero este crece con su dolor.

 

Julieta no quiere amar, lo único que desea es jugar con sus sueños de niña de cristal.

Su inocencia no la deja ver que ya todo ha terminado,

que él la ha gobernado y que nadie le quitará el poder que ella sin querer le ha entregado.

 

 

 

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