La despedida

 

¡Cuán alto poder nos enseñaba

de la ternura diestras razones

por su bandera insignia en nociones

que nuestra cordura abanderaba!

 

La lucha el poder esperanzaba

de descubrir sin vacilaciones

a aquel ente que cada uno amaba.

 

Y en tu orgullo por leso te diste,

transportando tus armas donoso,

pues quedo, rotundo y belicoso

nada a tu despedida opusiste.

 

Mas besa aquella alma que reviste

y el sentir entretanto engañoso

del boceto que probar fingiste.

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