MONÓLOGO EN LA TUMBA 666

Para él y por él, de nuevo escribo estas letras que salen de mi alma, y que jamás me cansaré de hacerlo para expresar mi apetito de sentimientos de gratitud. Y asi sea su ausencia un coto deconocido y una barrera inquebrantable; nunca dejaré de tenerlo como un estandarte en la conducta de mi vida; porque le quiero, le quise...y le seguiré queriendo hasta el fin de mis dias.

¡Papá! si fuera la providencia de que pudieras volver del más allá, encontrarías culminada la excelsitud de tu obra. Hace 30 años que partiste de  nuestras vidas. Pero, parece que hubiera sido ayer tu partida; cuando traigo a mi memoria tus enseñanzas, principios y valores, que me inculcaste como reglas de conducta.

Muchas veces, cuando tenías dificultades decias “Nuestro porvenir depende de nuestra aptitud para conducirnos racionalmente y sobre todo de nuestra voluntad de seguir de modo estricto las reglas de nuestra existencia. La vida individual se debilita y las civilizaciones se derrumban cuando las leyes de la vida son violadas. Hay una obligación para todos los seres humanos, sea cual fuere su color, su nacionalidad, su edad, su sexo, su conocimiento, su riqueza, su religión, de conducirse de cierta manera. Porque esta manera viene de su naturaleza y de su destino”

Gracias papá por haberme despejado el tortuoso camino de la incertidumbre y hacerme sentir importante ante tí y ante el mundo grande. Cuando hablabas del éxito, decias; que era la expansión del cuerpo, de la raza y del espíritu, porque la vida es todo esto al mismo tiempo. El éxito, no es el dinero ni lo honores lo que cuenta; es el conducir la vida misma en su sentido propio, porque la vida debe ser conducida como su misma extructura lo indica, de ello depende el bienestar de nuestro espíritu o de nuestros sentidos.

¡Padre mio!   No podré precisar jamás; el perjuicio que me causo en un momento determinado, tu partida repentina. Al tiempo, a su constante levitar de los años  quedó expuesta tu obra inconclusa en la vida. Te has llevado contigo mi sonrisa y mi alegría, has dejado mi corazón lleno de tristeza, porque fuiste ese motor que me llevaba cada día a luchar por lo que más amaba y hoy que ya no estás la fortaleza se me ha ido… Mi lucha es constante por seguir ese sendero por el cual me guiabas y te llenabas de orgullo cada vez que mis metas se cumplían. Y aunque las lágrimas llenan mis pupilas cada vez que te recuerdo, mi ser entero se ha propuesto seguir ese ejemplo que me diste: ser mejor cada día y alimentar este amor que te tengo para que nunca muera en mí tu recuerdo.

Toc, toc, toc

Padre

¡Soy yo!

¡Toco tu lapida!

Aunque en ese túmulo
de herbaje y tierra negra,
ya no acuna tu alma.

 

¡Viejo, he venido a visitarte!

 Hoy, es
tu aniversario
y
vine adornar
con flores
tu sepultura.

Además, quiero
contarte
con holgura de mi vida;
mis logros
y fracasos.


Decirte, a viva voz,

que aunque el tiempo

vuele en este mundo errante;

tu partida,

no ha sido un lastre

para mi vida.

Porque sigues siendo tú,

 mi inspiración  

vivificada.
 

Al instante,
sentí
su celsitud
rondarme cerca.

La sílvula
del camposanto
se agitaba.

Céfiros
de invierno
trajeron

desde el Eden;
su presencia
fúlgida
y seráfica.

 
¡Caí de hinojos
al ver su aparición!

Allí estaba
mi padre
a la diestra
de Dios.
“Bendiciéndome”
 

Un cortejo
de ángeles,
y canticos
celestiales  
secundaban
el paisaje,
haciendo
mesiánica
y profunda
la revelación.
 
¡Yo, Lloraba
de alegría
de ver

mi padre
junto a Dios!

¡No podía
entender

lo que mis ojos miraban!

¿Mi padre
Junto a Dios?

 

Comprendí,

 que tenía que orar
para acercarme a él;

y poderle  hablar.

Y asi lo hice.

Comencé a orar  

y orar en medio del llanto,

desaforado.

 

  
El día
proceloso
detuvo
su paso,
Insuflado
de misterio

sobrenatural.



El camposanto
se iluminó y…Entonces
“¡desperté!”
Llorando.

El despertador
repiqueteó
impetuoso.

La hora de alistarme

para ir

al cementerio

había llegado;
 
a visitar
su  tumba;
“¡La Seiscientos
sesenta y seis!”.
 

 

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