Revelación

El día trece,
De un mes cualquiera,
Caminé a una puerta,
Que en su marco la luna sostuviera.

La puerta se abrió,
Sin que nadie la abriese,
Y con temor reverencial,
Entré en ese marco,
Que la Luna sostuviese.

La oscuridad me envolvió,
Casi de inmediato.
Nada veía a mi alrededor.
Tan sólo el débil resplandor,
De algo parecido a una fogata,
Llameaba sin fuerza,
Más allá del interior.

Me dirigí a la fogata,
Caminé días, noches,
Hasta que por fin,
Alcancé la luz anhelada,
Tan sólo para verla frente mío morir.

La oscuridad me envolvió,
Ahora por completo.
Perdido me sentía,
Me sentía morir.

¿Cómo salir de esa conejera?
La que yo mismo,
Con mis miedos construí.

Recordé un consejo amigo,
“Ten Fe”,
La tuve durante años,
Pero nada ocurrió y en la oscuridad permanecí.

Confié entonces en la esperanza,
Algo preciado por ti y por mí.
También esperé años,
Más nada bueno salió de ahí.

Intenté hacer una fogata,
Busque maderos, hojas y papel.
Cuando tuve todo a la mano,
No encontré fósforos:
¿Qué hacer?

Maldije mi destino en ese momento,
¡Perdido durante años, por pura curiosidad!
Y aullé solo, durante horas,
Acompañado de la soledad.

Y cuando me sentía más aislado,
Una chispa de mi corazón salió.
Cayó en medio de los maderos,
Y en seguida calor les dio.

Comenzaron a arder,
Primero con cariño,
Luego con más fuerza.

Alumbraron la habitación entera,
Y, me di cuenta con tristeza,
Que en medio de mi vida me encontraba,

Tan solo,
tan solo,
Como cuando apenas por ese camino comenzaba.

Más ahora,
Más ahora,
Mi lección he aprendido,
No esperar nunca de la vida,
Sino aportar lo aprendido.

Y la chispa que había salido,
Fue el resultado del esfuerzo,
La esperanza y la Fé.

Porque la una sin la otra,
Es como un madero sin chispa
Que vida le de.

Lunes, 13 de marzo de 2000

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